Gracias por estos dos meses y algo, por estos 70 y pico días.
Gracias por escuchar.
Gracias por abrazar.
Gracias por besar.
Gracias por el sexo y los te quieros.
Gracias por valorarme.
Gracias por hacer que me valore.
Gracias por ser así.
Gracias por Carlos Sadness y por los LEGOs.
Gracias por la hora en el Palau esperando el bus.
Gracias por intentarlo.
Gracias por fingirlo para que yo no me preocupara.
Gracias por tus risas.
Gracias por todo.
Pero esto no es un gracias y adiós. Es un gracias y aquí estoy. Es un gracias y aquí quiero estar. Es un gracias y no quiero que desaparezcas como ceniza que se la lleva el viento o como sol que mata la noche. Quédate y no, porque no te puedes quedar, no de esa forma. Quédate de otra.
Dicen que del amor al odio solo hay un paso. A lo mejor del amor a la amistad hay otro. Gracias. Por todo. Por ti.
martes, 17 de marzo de 2015
sábado, 7 de marzo de 2015
Comodidades pasajeras, deseos del pasado y un futuro de hielo
Y sé: si acerco el oído, no va a aparecer el mar. ¿Lo ves? Tan sólo aquel ruido que aceptamos por verdad. ¿Lo ves? Si somos dos islas en un mar que es gris ciudad. ¿Y quién? ¿Quién de los dos se atreverá a nadar?
Hubo un día en que salí de la cocina y me pegué una hostia con el pomo de la puerta en el ojo y dije que me habían robado en una gasolinera. También hubo un día que me rompieron una costilla con una bota de oro y dije que había matado a la hidra de Lerna. Pero eso son viejas glorias del pasado y ahora solo importa el presente de fuego.
Incluímos en la vida a quien se lo merece. Incluimos en nuestra vida solo a quien se lo merece. O eso nos decimos mientras nos mentimos diciendo que el día de mañana será mejor que la mierda de ayer que nos ahoga hoy. Pero la mierda no sale y sigue oliendo mal y las moscas ya te han comido los ojos. Solo queda esperar que una tormenta de sensaciones contradictorias y a la vez iguales nos diga qué hacer para parar de sufrir. Nos levantamos por inercia, comemos por inercia, nos metemos en la cama por inercia y nos metemos en la cama con gente por inercia (o en el coche o en el parque o en la ducha). La inercia es la reacción que tenemos a toda acción.
La escritura automática es mi inercia.
Hubo un día en que salí de la cocina y me pegué una hostia con el pomo de la puerta en el ojo y dije que me habían robado en una gasolinera. También hubo un día que me rompieron una costilla con una bota de oro y dije que había matado a la hidra de Lerna. Pero eso son viejas glorias del pasado y ahora solo importa el presente de fuego.
Incluímos en la vida a quien se lo merece. Incluimos en nuestra vida solo a quien se lo merece. O eso nos decimos mientras nos mentimos diciendo que el día de mañana será mejor que la mierda de ayer que nos ahoga hoy. Pero la mierda no sale y sigue oliendo mal y las moscas ya te han comido los ojos. Solo queda esperar que una tormenta de sensaciones contradictorias y a la vez iguales nos diga qué hacer para parar de sufrir. Nos levantamos por inercia, comemos por inercia, nos metemos en la cama por inercia y nos metemos en la cama con gente por inercia (o en el coche o en el parque o en la ducha). La inercia es la reacción que tenemos a toda acción.
La escritura automática es mi inercia.
viernes, 6 de marzo de 2015
Te echo de menos
Te echo de menos.
Te echo de menos como echa de menos un río seco al agua que lo bañaba.
Te echo de menos como echa de menos la gente a sus muertes, aunque tú eres vida.
Te echo de menos.
Te echo de menos como la risa al mar y el mar al frío.
Te echo de menos porque me quieres.
Te echo de menos porque me echas de menos.
Te echo de menos porque tu voz es viento y tu cuerpo es hielo.
Te echo de menos porque te adoro, porque eres el Sol, yo soy Mercurio y todo es helio.
Te echo de menos porque la vida sin ti no es vida y la muerte no es una opción.
Te echo de menos porque los kilómetros a tu lado son centímetros, o nada.
Te echo de menos.
Te echo de menos como el moribundo a la salud.
Te echo de menos como el puñal al cuerpo.
Te echo de menos como la sangre a un viejo lobo de mar.
Te echo de menos por tus besos y tus caricias.
Te echo de menos.
Te echo de menos porque no somos nadie.
Te echo de menos porque si yo soy el Fénix, tú eres el Fuego.
Te echo de menos como echa de menos un río seco al agua que lo bañaba.
Te echo de menos como echa de menos la gente a sus muertes, aunque tú eres vida.
Te echo de menos.
Te echo de menos como la risa al mar y el mar al frío.
Te echo de menos porque me quieres.
Te echo de menos porque me echas de menos.
Te echo de menos porque tu voz es viento y tu cuerpo es hielo.
Te echo de menos porque te adoro, porque eres el Sol, yo soy Mercurio y todo es helio.
Te echo de menos porque la vida sin ti no es vida y la muerte no es una opción.
Te echo de menos porque los kilómetros a tu lado son centímetros, o nada.
Te echo de menos.
Te echo de menos como el moribundo a la salud.
Te echo de menos como el puñal al cuerpo.
Te echo de menos como la sangre a un viejo lobo de mar.
Te echo de menos por tus besos y tus caricias.
Te echo de menos.
Te echo de menos porque no somos nadie.
Te echo de menos porque si yo soy el Fénix, tú eres el Fuego.
viernes, 30 de enero de 2015
Epílogo III: Resurrección y Venganza
Digamos que quiero escribirte algo pero que no tengo palabras. Digamos que podría estar toda la vida dándote las gracias, que podría decirle a nuestros hijos lo mucho que te quise en tan poco tiempo o que podría gritarle al mundo que daría mi vida por poder darte un beso, pero me quedaría muy corto. Digamos cosas o no digamos nada, que yo te quiero y tú me quieres y el resto me da igual.
Hay veces que mueres, que el fénix estalla en llamas y se queda en cenizas. Tú cogiste mis cenizas y has hecho que el pájaro vuelva. Eres el Sol y yo soy Mercurio. Te amo. Es una extraña dependencia hacia un par de palabras tuyas. No necesito que tengamos conversaciones de horas o saber todo lo que haces y con quién. No necesito más que dos palabras: "Te quiero". Dime que me quieres y bailaré con muertos y arrasaré ciudades y quemaré conventos y haré rimas cutres en prosa.
Nunca nadie ha controlado tanto mis sentimientos y nunca nadie ha hecho que esté tan bien. Cabrearte me destroza y que me ames me da fuerzas. Tu amor es energía y yo quiero engordar de ti. Soy como Ícaro, pero con alas irrompibles.
Sé mi Sol. Seamos viento.
Hay veces que mueres, que el fénix estalla en llamas y se queda en cenizas. Tú cogiste mis cenizas y has hecho que el pájaro vuelva. Eres el Sol y yo soy Mercurio. Te amo. Es una extraña dependencia hacia un par de palabras tuyas. No necesito que tengamos conversaciones de horas o saber todo lo que haces y con quién. No necesito más que dos palabras: "Te quiero". Dime que me quieres y bailaré con muertos y arrasaré ciudades y quemaré conventos y haré rimas cutres en prosa.
Nunca nadie ha controlado tanto mis sentimientos y nunca nadie ha hecho que esté tan bien. Cabrearte me destroza y que me ames me da fuerzas. Tu amor es energía y yo quiero engordar de ti. Soy como Ícaro, pero con alas irrompibles.
Sé mi Sol. Seamos viento.
martes, 6 de enero de 2015
Amar no es querer
[Copiapegado del Facebook de una amiga]
Amar es saber que no te cambia el
tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.
-"Te amo" - dijo el
principito.
-“Yo también te quiero” - dijo la
rosa.
-“No es lo mismo” - respondió él.
"Querer es tomar posesión de
algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas
personales de afecto, de compañía… Querer es hacer nuestro lo que no nos
pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto
nos reconocemos carentes.
Querer es esperar, es apegarse a
las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no
tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos
corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.
Si quiero a alguien, tengo
expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El
problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras
motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo.
Amar es desear lo mejor para el
otro, aún cuando tenga motivaciones muy distintas. Amar es permitir que seas
feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento
desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón.
Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento.
Cuando una persona dice que ha
sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por
apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro.
Cuando amamos nos entregamos sin
pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar. Pero es cierto también
que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento.
Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío,
confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente
saber de vos, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus
luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y
no es solo para momentos de alegría.
Amar es la confianza plena de que
pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta,
sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo,
ni las tempestades, ni mis inviernos.
Amar es darte un lugar en mi
corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que
en el tuyo hay un lugar para mí.
Dar amor no agota el amor, por el
contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y
dejarse amar.”
-“Ya entendí” - dijo la rosa.
-” No lo entiendas, vívelo” -dijo
el principito.
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