Esta tarde-noche estaba leyendo mensajes de ascodevida.com cuando he topado con uno que me ha llamado la atención:
Hoy,
mi mujer ha llorado. Trabaja a turnos, así que 2 de cada 3 semanas ve
al niño 30 minutos al día, mientras que yo cada mañana lo visto, le doy
el biberón y lo llevo y lo recojo de la guardería. El poco rato que está
con el niño es en la cocina. El niño, de 16 meses, hoy se subió a una
banqueta y se cayó de cara, con un moratón enorme. Prefirió venir a mis
brazos que a los de su madre. ADV
En los comentarios, me he encontrado uno que me ha parecido absolutamente precioso:
Cuenta a tu hijo que mamá y papá son superheroes, pero que necesitan sus
mimos y besos pata volverse fuertes cada día. Porque cada mañana salen a
luchar para que el crezca sano y fuerte. Tu en casa y ella fuera. Y
mamá necesita una dosis extra de amor. Es cosa de niños, ánimo
Y me ha hecho pensar. Me ha hecho pensar en que a muchos de nosotros nos ha tocado vivir eso: que uno de nuestros padres tuviera que trabajar continuamente para poder pagarnos lo necesario y lo trivial, la comida y cualquier gilipollez que se nos antojase. Mi padre llegaba tan cansado de currar que muchos días no le apetecía jugar conmigo y mi hermano. A mi madre también le tocaba trabajar.
Y es que vivimos en un mundo en que no se permite que los padres puedan jugar con sus hijos, porque tienen que matarse a trabajar para ganar una miseria que se les va en impuestos y en consumo, en mantener el sistema socioeconómico que nos destroza continuamente la vida y la infancia. Porque ha habido muchos niños que podrían haber pasado horas con sus padres y han tenido que ser como el del mensaje de Asco de vida: espectadores de una aparición fantasmagórica e intermitente.
Mis padres se mataron a trabajar por mí, para que yo comiera, vistiera, fuera al colegio, estudiase, aprendiese y pudiera ver cómo es el mundo, tan frío y triste, y poder ver también que nosotros somos los que, con un pensamiento crítico, podemos cambiarlo. Como decía Karl Marx: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversas formas el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.
No permitamos que nuestros hijos solo puedan vernos un instante cada día, como a un mecenas desaparecido.
Gracias, papá. Gracias, mamá.
jueves, 28 de noviembre de 2013
sábado, 16 de noviembre de 2013
¡Para servir!
Ese es el lema de la Unidad Militar de Emergencias (UME): ¡Para servir! Y es que esta unidad es a eso a lo que se dedica, a servir a todos los ciudadanos de un país en situaciones de emergencia, ya sea catástrofe o atentado, artificial o natural, nevadas, incendios, inundaciones... e incluso en un país que no es el suyo (por ejemplo, en Haití o en Filipinas). Y eso es lo que debería hacer un ejército: servir al pueblo.
Estas dos semanas he tenido la optativa de mi segundo año de Medicina (me cogí Sanidad Militar) y he podido disfrutar de una nueva visión del Ejército. No son unos brutos que se siguen por un deber irracional para con un trapo con colores, no son unos idiotas que se dan paseítos con un rifle, desfilando frente al Rey y al Presidente de Gobierno de turno, no. Muchos son personas que buscan ayudar de verdad: ya sea con aeroevacuaciones, con hospitales de campaña, con operaciones de logística para que las tropas vuelvan enteras y sin problemas, con apoyo psicológico, con ayuda para otros países...
Y es que estamos acostumbrados a que nos los vendan como peones de un marionetista que quiere hacer sus juegos de guerra, que quiere mandar rifles humanos a morir para que le consigan el recurso de esa población que quiere masacrar, que no piensa en vidas, sino en dinero... pero yo he conocido la otra cara, la cara humilde, la cara baja, la de la base: mujeres y hombres que dejan la cómoda vida occidental y se van a Afganistán porque allí hay soldados de su país y gente de ese país extraño que necesita su ayuda.
Y eso, señoras y señores, creo que es digno de admiración: que no se vaya a matar y robar, sino a ayudar; que no se tenga amor a un país por su bandera o su himno, que se lo tenga a la gente que está simbolizada por ese trapo de colores y por esa melodía. La filantropía siempre es preciosa.
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