martes, 17 de diciembre de 2013

Quam interficere Diabolum

¿Te acuerdas de tu demonio interior? El que te hacía ser borde, el que te decía que intentaras pasar por un machote o por una persona de piedra que no sufre ni padece. Sí, ese que te decía que ser malo es bueno y ser bueno es malo, que no te dejes pisotear sin pisar tú después, que mates en vez de matarte. El que te decía con sus cuchillas de plata que hicieras lo que él quería, el que se posaba en tu hombro y te susurraba maldades. El que te miraba con deseo y le correspondías. La mano que mecía tus sueños impíos de violencia y de pasión. El que quemaba con lupa al resto del mundo.

¿No lo recuerdas? Era tu frustración por los sueños incompletos, los golpes etéreos por cada fracaso, la música diabólica que hacía que... bah, da igual, ya sabes de quién hablo, ¿no? Pues ha muerto. Disfruta de su cadáver frío, de cómo el silencio lo inunda todo, de cómo eres libre. ¿No querías eso? ¿No querías ser libre?

"No tienes un demonio interior, tienes una parte de tu vida resentida con algo. Cura ese algo y quítate el demonio. O abrázale. A él le da igual"

lunes, 16 de diciembre de 2013

Llantos secos

Estoy cansado de vacíos existenciales, de promesas incumplidas, de viajes astrales a un territorio gris y vacío. Estoy cansado de las noches en vela, de las madrugadas con sueño, de los viajes en esa bestia metálica y putera que se empeñan en llamar metro. Cansado de no ver el Sol, ni la Luna, ni las estrellas, ni ver cómo me bañan con su luz cálida o fría. Cansado de solo sentir el frío de la soledad y de no recordar casi lo que es un abrazo. Cansado de malgastar el tiempo aprendiendo descubrimientos de señores importantes, teorías de locos cuerdos e ingeniosas explicaciones de personajes ilustres. Estoy cansado de todo y de nada. De ser tú, de ser él, de no ser nadie. Estoy cansado de las sonrisas falsas, de mirar al espejo y no saber quién se refleja, de la espuma amarilla y los pliegues rosáceos, de la vida y de la muerte, de cada corte en el alma, de cada idea que se marchita, de cada promesa que se incumple y de cada viga que me aplasta. Estoy cansado de verte virtual y no ser tuyo en real. Estoy cansado de ser yo sin serlo. Estoy cansado de ser quien querría ser y no soy. Estoy cansado de las caretas amigables y las putadas inconscientes, de las puyas silenciosas, de los llantos secos. Estoy cansado de ver gente que podría haber sido y nunca seré, de ver cómo triunfan mientras yo fracaso, de perderme, de perderte, de perderos. Estoy cansado de cansar y de cansarme y de estar cansado. Estoy cansado de mirar el fuego y el hielo como a hermanos que pueden liberarme. Estoy cansado del triste sonido de un violín lastimero llorando elejías por mí. Estoy cansado de una brisa constante de incertidumbre y de vergüenza. Estoy cansado de deprimirme por todo y de secarme por los ojos y convertirme en piedra, de ser insensible, de ser inocente. Estoy cansado de la culpabilidad inventada y de las estupideces falsas. Estoy cansado de la sonrisa de arena que se lleva el más mínimo viento. De la tormenta interior. De las mariposas carnívoras. De los nervios de acero que se clavan en el estómago. De la risa malvada e impía que me llama y me acecha con sus colmillos de plata. Estoy cansado de la empatía y de la poesía, de la literatura lastimera y las novelas románticas, de la pobreza extrema del cuerpo y del alma, de todo y de nada.

Estoy cansado y no descanso porque la vida no me deja. Y yo soy la muerte.



domingo, 15 de diciembre de 2013

Celos

De cómo te mira y acaricia tu piel con su mirada. De cómo te desnuda lenta y suavemente, besando cada parte de cuerpo que queda de nuevo en contacto con el aire. De cómo intenta llegar a lo más recóndito de tu mente y tu corazón, a ese lugar especial y secreto, aislado, al que solo algunos hemos llegado después de mucho esfuerzo y confianza, después de hacerte ver que tú también puedes visitar el homólogo que guardamos dentro. De cómo intenta sustituirme, o robarme una parte de ti que tú ya me has dado, no gratis, sino cogiendo una parte de mí que yo también te he dado.

No sé si son celos o son miedo.

De perderte. De que te hartes de mí porque ya no te doy lo que antes. O no tengo tiempo. De no ser nuevo. De envejecer y echar a perder el valor que hacía brillar tu mirada. De no tener esa gracia que te provocaba una sonrisa perpetua. De no poder besar de nuevo tus labios, o tu cuello. De no poder desnudar mi alma junto a la tuya y llorar y reír y cantar y dormir y abrazarnos y soñar con un futuro juntos. De ser egoísta y atarte a mí cuando lo que yo quiero es tu felicidad. De creer que eres mía cuando debería creer que ambos somos de ambos. De cortarte las alas y no dejarte volar mientras esta tormenta lo destroza todo.

Y no quiero y no puedo y no debo.



jueves, 28 de noviembre de 2013

Superhéroes anónimos

Esta tarde-noche estaba leyendo mensajes de ascodevida.com cuando he topado con uno que me ha llamado la atención:

Hoy, mi mujer ha llorado. Trabaja a turnos, así que 2 de cada 3 semanas ve al niño 30 minutos al día, mientras que yo cada mañana lo visto, le doy el biberón y lo llevo y lo recojo de la guardería. El poco rato que está con el niño es en la cocina. El niño, de 16 meses, hoy se subió a una banqueta y se cayó de cara, con un moratón enorme. Prefirió venir a mis brazos que a los de su madre. ADV

En los comentarios, me he encontrado uno que me ha parecido absolutamente precioso:

Cuenta a tu hijo que mamá y papá son superheroes, pero que necesitan sus mimos y besos pata volverse fuertes cada día. Porque cada mañana salen a luchar para que el crezca sano y fuerte. Tu en casa y ella fuera. Y mamá necesita una dosis extra de amor. Es cosa de niños, ánimo 

Y me ha hecho pensar. Me ha hecho pensar en que a muchos de nosotros nos ha tocado vivir eso: que uno de nuestros padres tuviera que trabajar continuamente para poder pagarnos lo necesario y lo trivial, la comida y cualquier gilipollez que se nos antojase. Mi padre llegaba tan cansado de currar que muchos días no le apetecía jugar conmigo y mi hermano. A mi madre también le tocaba trabajar.

Y es que vivimos en un mundo en que no se permite que los padres puedan jugar con sus hijos, porque tienen que matarse a trabajar para ganar una miseria que se les va en impuestos y en consumo, en mantener el sistema socioeconómico que nos destroza continuamente la vida y la infancia. Porque ha habido muchos niños que podrían haber pasado horas con sus padres y han tenido que ser como el del mensaje de Asco de vida: espectadores de una aparición fantasmagórica e intermitente.

Mis padres se mataron a trabajar por mí, para que yo comiera, vistiera, fuera al colegio, estudiase, aprendiese y pudiera ver cómo es el mundo, tan frío y triste, y poder ver también que nosotros somos los que, con un pensamiento crítico, podemos cambiarlo. Como decía Karl Marx: Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversas formas el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.

No permitamos que nuestros hijos solo puedan vernos un instante cada día, como a un mecenas desaparecido.

Gracias, papá. Gracias, mamá.

sábado, 16 de noviembre de 2013

¡Para servir!

Ese es el lema de la Unidad Militar de Emergencias (UME): ¡Para servir! Y es que esta unidad es a eso a lo que se dedica, a servir a todos los ciudadanos de un país en situaciones de emergencia, ya sea catástrofe o atentado, artificial o natural, nevadas, incendios, inundaciones... e incluso en un país que no es el suyo (por ejemplo, en Haití o en Filipinas). Y eso es lo que debería hacer un ejército: servir al pueblo. 

Estas dos semanas he tenido la optativa de mi segundo año de Medicina (me cogí Sanidad Militar) y he podido disfrutar de una nueva visión del Ejército. No son unos brutos que se siguen por un deber irracional para con un trapo con colores, no son unos idiotas que se dan paseítos con un rifle, desfilando frente al Rey y al Presidente de Gobierno de turno, no. Muchos son personas que buscan ayudar de verdad: ya sea con aeroevacuaciones, con hospitales de campaña, con operaciones de logística para que las tropas vuelvan enteras y sin problemas, con apoyo psicológico, con ayuda para otros países...

Y es que estamos acostumbrados a que nos los vendan como peones de un marionetista que quiere hacer sus juegos de guerra, que quiere mandar rifles humanos a morir para que le consigan el recurso de esa población que quiere masacrar, que no piensa en vidas, sino en dinero... pero yo he conocido la otra cara, la cara humilde, la cara baja, la de la base: mujeres y hombres que dejan la cómoda vida occidental y se van a Afganistán porque allí hay soldados de su país y gente de ese país extraño que necesita su ayuda.

Y eso, señoras y señores, creo que es digno de admiración: que no se vaya a matar y robar, sino a ayudar; que no se tenga amor a un país por su bandera o su himno, que se lo tenga a la gente que está simbolizada por ese trapo de colores y por esa melodía. La filantropía siempre es preciosa.

jueves, 3 de octubre de 2013

Diario de un extuitero comunista

 "Y así fue como Raúl se borró el Twitter, pero se quedó con la gente guay que había conocido ahí y con las cosas buenas que tiene. A la que más echaré de menos es a Cospedal."

Primer día de mi ida de Twitter. Ha sido bastante gracioso porque la gilipollez de show que me monté de despedida me hizo perder chorrocientas horas de estudio, horas de estudio que obviamente tuve que recuperar por la noche (empalmando) y en clase me quedaba dormido y copiaba lo que soñaba en mis apuntes.

Gilipolleces de mi vida diaria aparte, lo cierto es que la desconexión me está sentando bien. Mi perfil de Twitter había degenerado mucho y no sé muy bien ni cómo. Desde la primera idea que me vino hace un par de años de hacerme Twitter "para ver lo del 15M", mi perfil degeneró a una búsqueda del RT y el FAV, a una necesidad de complacer a los demás con basura intelectualoide sin ninguna carga argumental más que la consigna o el sarcasmo barato. Que tenía debates interminables de besugo, con gente de derechas o de izquierdas, fachas o comunistas, feministas, anarquistas, pero que tenían un grave problema llamado efecto Duhning-Kruger, que creían que tenían una superioridad intelectual y una formación de doctorado en todas las áreas del saber, cuando en realidad su formación era decente y en un campo muy reducido. Pero claro, tú te tienes que callar porque eres un puto rojo autoritario, machista-leninista, niñato elitista, paternalista y reformista, que no tiene ni idea de qué habla y que debería morirse para que el mundo fuese mejor.

El feminismo y el comunismo no se trata de tener consignas vacías o tuits mordaces, se trata de cambiar día a día la conciencia de la masa social, para encaminarla a un fin que es el fin de la opresión de una clase sobre otra y el fin de la opresión de género. No es "ganar RTs y alimentar mi ego".

Y por eso, porque Twitter parece un patio de recreo de un colegio de párvulos, yo me piro. Creo que debo haber tenido una alienación muy grande al sobrevalorar tanto una gilipollez tan enorme como es una mierda de red social que para lo único que vale es para convocar manifas y para soltar frasecillas a modo de greguerías de Ramón Gómez de la Serna.

Y ahora, si me disculpáis, voy a ver el exterior de la cueva de Platón que ha sido mi vida.

jueves, 15 de agosto de 2013

Errores

¿Por qué es tán fácil cometer errores y es tan difícil, a veces, darse cuenta de que los has cometido? ¿Por qué es tan fácil enfadarse con la persona que te muestra el error en vez de darle las gracias por hacerte ver que vas en mal camino?

Todos hemos pasado la adolescencia, esa época de rebeldía por todo, de no hacer ni caso a nada ni a nadie, de ir a tu bola, de hacer lo que quieres, de comerte el mundo... pero es el mundo el que te come, porque fallas en cómo lo haces y no escuchas. No escuchas a tus profesores, no escuchas a tus padres, solo escuchas a tu ego y a tu vocecita interior que te dice que lo haces todo perfecto, que todo es genial cuando lo haces tú, que sigas así y que le follen al resto.

Personalidades individualistas, prepotentes, egocéntricas... pero, aunque se forman en la adolescencia, es triste que no desaparezcan del todo al madurar, que siempre tengas ese aire de superioridad que te hace odiar al que te muestra que no eres un dios sino un humano y que los humanos cometen errores, ese rencor que te acompaña, ese asco irracional que sientes hacia cierta gente por el simple hecho de haber visto tu error. 

El odio ciega, el odio no es racional, no es algo de humanos sino de bestias que tienen que ver el mundo de forma maniquea: si no eres mi amigo, mi adulador, el que me dice que lo hago todo bien y que siga así, eres mi enemigo. Es triste que veamos el mundo como negro o blanco cuando hay tantas tonalidades de gris, de amarillo, de azul, de verde, de rojo, de naranja... Tantas tonalidades que cambian cuando el sol se mueve por el cielo, cuando el tiempo pasa, cuando la luz se apaga...

sábado, 6 de julio de 2013

La gente es gilipollas

La gente es gilipollas. Esa es la conclusión que saco después de milenios de estudio. Millones de personas fingiendo cosas para ser aceptados mientras dicen que "a mí que la gente me acepte me la suda". Todo postura, todo mentira, todo asco. El mundo es una mezcla de mentirosos compulsivos intentando parecer grandes ejemplos a imitar y adorar y gilipollas integrales que siguen a esos mentirosos.

Miles de personas proclamándose dueños de una personalidad sin límites, de una individualidad rebelde, absoluta, casi dioses centrados en parecer auténticas nuevas modas cuando no dejan de ser lo de siempre: manipuladores de la mente que consiguen que un par de cerebros (o de cabezas sin ellos) les sigan el rollo.

¿Dónde quedó la simpatía verdadera o la rebeldía auténtica? ¿Dónde están esas personas amables y generosas, de las que lo eran por deber y no por moda o por apariencia? ¿Dónde están esos cabrones que destrozaban vidas porque querían y no porque "ser malo mola"?

Odio este mundo de mentira en que nadie tiene convicciones verdaderas, sino mentiras que seguir fingiendo y explotando para lograr la aceptación. Odio este mundo de absurdeces, en el que ser malote es guay y ser buenote es guay y, en definitiva, todo es guay y nada es guay. Odio este mundo de gilipollas, porque, amigos y amigas, la gente es gilipollas.

miércoles, 5 de junio de 2013

La Mujer Maravilla

"Nunca es fácil levantarse cada día cuando sabes que tienes que salvar el mundo otra vez". Laura siempre pensaba eso cuando veía su poster de Wonder Woman. Lo cierto es que ese trozo de papel no terminaba de gustarle, aunque se lo había regalado su  madre, una fan incondicional de la Mujer Maravilla, pero siempre había notado algo raro: ¿sería el sexismo que transmitía, el hecho de que llevase un lazo, lo de que tenía 20 kilos menos que ella? Quizá simplemente le parecía una frikada. Una frikada, eso sí, que le hacía reflexionar.

Desde que murió su abuelo, Laura se volvió introspectiva, demasiado celosa de su mundo interior como para compartirlo con los demás. Por las tardes, al volver del colegio, escribía sobre mundos fantásticos en los que ella era una heroína, no una heroína con un lazo, pero una heroína. Hablaba con dragones, luchaba contra gigantes, salvaba pueblos de ser masacrados por monstruos. En sus cuadernos todo tenía cabida, hasta la cosa más absurda, hasta las chicas guapas y delgadas que vestían ligeras de ropa y llevaban lazos justicieros.

Lo cierto es que le reconfortaba escribir. Se sentía libre. Podía impregnar esas palabras que creaba con un aire intimista y llenarlas de sus vivencias, de su día a día. Lo cierto es que le encantaba, pero sabía que no era lo "normal", que no tenía amigos, que no tenía novio, que sus padres no la comprendían... Solo sus historias daban algo de sentido a seguir viviendo en ese mundo vacío que la rodeaba. Solo sus historias podían llenar el hueco tan grande que tenía su vida.

Y ahí seguía ella, con sus cuadernos en un lado de la mesa del escritorio, con Wonder Woman en la pared y tirada en la cama, descalza, boca arriba, pensando. Pensando en la próxima historia que escribir. Pensando en el argumento, en los personajes, el escenario, la época, la trama y el desenlace. El desenlace era lo que más le gustaba y sobre lo que más reflexionaba. Le gustaban los finales felices e impactantes, con moraleja. Que enseñaban que la vida no era una mierda y todo puede acabar bien. Quizá lo hacía esperando que su vida cambiase. Quizá esperaba que sus historias se materializasen, salieran de sus cuadernos y ella se viese atrapada en miles de aventuras con un final feliz. Pero nunca pasaba.

Y así, pasó otra tarde más, pensativa, en la cama, sin hacer nada y sintió que había muerto otro poquito por dentro. Hasta que oyó aquel ruido en la cocina, como un disparo. Bajó corriendo las escaleras y fue hasta la cocina. La puerta, acristalada, estaba cerrada, pero a través de ella se veían manchitas de sangre que habían salpicado por dentro. Temblando, agarró la manilla y abrió despacio la puerta. Había un gran charco de sangre en el suelo y una mano. Una mano de mujer con una pistola. Era lo único que se veía desde ese ángulo, pero Laura vio la pulsera que le había regalado a su madre por su cumpleaños y supo quién era.

Se echó al suelo a llorar, pensando que todo era culpa suya, que era una mala hija, una niña sin amigos, sin vida, y esto le había costado la vida a su madre. Ahora entendía los llantos por la tarde sin venir a cuento, esos llantos de los que pasaba totalmente y que hacían que subiese el volumen de la música mientras escribía sus historias, para no desconcentrarse. Si hubiera hablado con ella, si no hubiera sido tan egoísta, si hubiera hecho un esfuerzo por hablar con gente y vencer su miedo al rechazo. Después de todo, la gente del colegio era simpática y ella no les había hecho nada, le aceptaban. Era una estúpida y su madre había muerto por ello. No podía vivir con la culpa. Cogió la pistola y apretó el gatillo.

Y despertó en su habitación, con el poster de Wonder Woman y los cuadernos, en la cama, descalza, boca arriba. Y supo que todo había sido un sueño, una historia más, pero que esta sí había cobrado vida, sí se había materializado. Y supo que esta también tenía una moraleja y podía tener un final feliz. Cogió el móvil y, después de veinte minutos, consiguió una invitación de unas chicas de clase a salir esa tarde por el centro. Fue a la cocina, dio un beso a su madre y le dijo que se iba con unas amigas.

El aire de la calle era más puro, el sol brillaba más, los pájaros cantaban más alegremente. Se sentía bien, se sentía guapa, se sentía querida, se sentía una verdadera Mujer Maravilla.

lunes, 3 de junio de 2013

Ruido

Ruido. Es lo único que escuchas. ¿Es ruido o es música? Solo el puto niño lo sabe. El hijo de los vecinos: “qué mono, qué rico”. Y una mierda. Si fuera tan mono ya se habría callado y me dejaría estudiar. Debería haber ido a la biblioteca, pero es que luego no estudio. Voy a mirar Twitter. ¿Un vídeo? Bah, la gilipollez de siempre. ¿Una foto? “Ola k ase”. Qué ingenioso, lo habrá descubierto ahora. Debería tuitear que la gente es estúpida. No, mejor dicho, debería estar estudiando.

Dos horas. Dos horas ya y no he abierto el libro. No pasa nada, tú concéntrate y ya está. “Las proteínas son...” una mierda. Eso es lo que son. A veces pienso que esta asignatura no vale para nada: nos preguntan lo mismo de dieciocho formas distintas y luego nos dicen que esto te vale de base, que ni te sirve para futuros años, aunque en realidad me gusta. Y el profesor es majo. Y... mierda, otra vez me he desconcentrado. Debería ponerme algún cartel en plan “¿Qué haces leyendo esto? ¡Estudia!”. Vale, empecemos otra vez: “las proteínas son...”.

Y no sé por qué pero ya han pasado tres horas desde que el puto niño hacía ruido. Y sigo sin estudiar. “No es culpa mía, mamá, es culpa de WhatsApp”. Y de Tuenti. Y de Facebook. Y de los Angry Birds. Eso, es culpa de los Angry Birds. ¿Por qué unos cerdos roban huevos de pájaros con superpoderes? Es culpa de los cerdos.

Debería ponerme música. Tumbarme en la cama, escuchar Mr Brightside de The Killers, recordar que a mí también me los ha puesto y olvidarla. Pero no, Luna es especial. Luna es cojonuda. Luna es la hostia. Luna debería desaparecer de mi mente ya, pero soy tan gilipollas que me pongo música para recordarla. Supongo que esto es el amor. Bonito amor kamikaze. Y yo: valiente gilipollas.

Vale, me voy a dormir. Que le follen al examen, que le follen al niño del vecino, que le follen a Luna y a las proteínas. El de Youtube de “Me cago en la Biología” tenía razón. Ahora solo hay que poner la cabeza en la almohada, cerrar los ojos y... Ruido. Siempre ruido. 

[Este relato me lo publicaron además en Oído Interno, la revista de los estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid]

domingo, 2 de junio de 2013

Sonrisa de madre

Y despertó y estaba solo, como siempre. Eso no era novedad. Desde que habían muerto sus padres, él siempre estaba solo. No tenía amigos de verdad, solo un par de compañeros que no le pegaban, al contrario del resto. Nunca podía contarle sus problema a nadie, nunca podía llorar sobre el regazo de una madre comprensiva o el hombro de un colega casi hermano. Nunca podía sentir cariño ni afecto. Nunca... nunca podía hacer demasiadas cosas.

Excepto llorar. Llorar se le daba sorprendentemente bien. Después de todo, había practicado mucho: el día en que el profesor le sacó de clase y el director le contó que sus padres habían muerto, el primer día en que le empezaron a llamar bicho raro por leer mientras que el resto de niños jugaba, el día en que le pegaron el primer balonazo en el recreo sin venir a cuento, solo porque él no era como el resto ni quería serlo, ni podía... Demasiados llantos le habían convertido en un experto en llorar.

Tampoco es que pudiera hacer otra cosa al cabo del día. Desde que sus padres murieron le había tocado vivir con su tía, una buena mujer con algún que otro problema. Su tía había estado casada con un gran hombre, pero todo cambió cuando murió el niño que aún tenía en sus entrañas: el aborto cambió a su tío a un borracho que disfrutaba más del alcohol que de los paseos por el parque con los que solía sorprender a su mujer de vez en cuando. Su tía le dejó un tiempo después, harta de ser la segunda después de la botella y de los golpes cuando la botella no estaba, pero, por ironías de la vida, ella también había caído en el poderoso abrazo del alcohol, presa del deseo por sentirse querida, por sentir la felicidad que hubiera tenido en el pasado.

Se levantó y fue hacia el baño. Se miró al espejo y se colocó los tres mechones castaños que siempre se le descolocaban y miró sus ojos, ese verde con motitas marrones que había heredado de su madre. La mirada, esa mirada de amor con la que ella le agradecía cada día el beso de antes de irse dormir, esa no la había heredado. En su lugar, una mirada vacía y triste, de estas que transmiten las ganas de llorar. Eso era lo único que le quedaba.

Una cuchilla, un fino corte de la cuchilla que utilizaba para afeitarse cada mañana y todo acabaría. Quizá serían un par de horas de agonía, de sentimiento de vacío por la sangre que saldría de sus muñecas, pero no le importaba. No tenía a nadie que verdaderamente fuese a notar su pérdida. No tenía amigos, no tenía familia más que su tía y ella más bien solo tenía la botella. Nadie notaría ese pequeño corte profundo, esa sangre brotando de la herida, esa vida que se esfumaba poco a poco y que dejaba de llorar, de sentir pena, de ser una vida muerta para convertirse en una muerte verdadera.

Y cogió la cuchilla e hizo el corte. Y notó que la sangre brotaba, pero por fin notaba que tenía control sobre algo, sobre alguien.  Por fin sentía que podía controlar la situación. Nadie había decidido cortar, solo él. Nadie podía cortar la otra muñeca o vendar la herida o pedir ayuda, solo él. Ni el niñato que sacó a sus padres de la carretera, ni el borracho de su tío, ni la depresiva de su tía, ni los abusones que le había atormentado tantos años en el colegio. Nadie controlaba su herida más que él. Otro corte y la otra mano también comenzó a vaciarse.

Se sentó dentro de la bañera y vio cómo la sangre caía sobre sus pantalones, los vaqueros que le había comprado su tía hacía un año. Daba igual que se ensuciaran, no iba a volver a ponérselos nadie. Miró al techo y pensó en el colegio. Quizá aquella chica de pelo castaño que giraba la cabeza con rabia e impotencia cuando le hacían bullying sintiese su muerte, pero eso ya daba igual. Iba a experimentar un viaje sin retorno y estaba decidido. Fuera miedos y fuera castillos de ilusiones: lo único seguro es que iba a morir y que eso no le importaba. Y así, con este pensamiento, cerró los ojos y durmió.

Y despertó otra vez, pero ya no estaba solo. Las manos vendadas, un par de vías en el brazo, una manta de hospital tapándole a él y otra a su tía, sentada a su lado y dormida en una de esos sillones que ponen en los hospitales para los acompañantes. Parecía ser que estaba en el hospital. Podía controlarlo todo, pero se le olvidó cerrar la puerta del baño con llave. El control es imperfecto. Aún así vio que había otro error: no estaba solo en este mundo. Él no era el único con problemas y los había antepuesto a su tía, la mujer que había aceptado un empleo de mierda para pagarle los vaqueros que había manchado de sangre y que tenía tantos o más problemas. Ella no había intentado la opción fácil de desaparecer, había peleado e intentado seguir, aunque a veces fallase. Estaba dormida pero se le notaba el cansancio de haberse pasado la noche en vela. Esto hizo que él llorase.

La primera lágrima la despertó. Corrió a abrazar a su sobrino y, por primera vez desde hacía varios años, él vio en ella una sonrisa. Una sonrisa por saber que su sobrino no había muerto. Una sonrisa por saber que la persona a la que quieres está bien. Una sonrisa de madre.

domingo, 26 de mayo de 2013

"Divide y vencerás"

Como ya sabréis (y si no, os lo digo ahora), Twitter me estaba hartando. Tanto por los pioletazos que mandaban los niños de 15 años a todo el mundo como por los debates irrisorios o las conversaciones gilipollas que leía a veces. No tengo tiempo para perderlo con estupideces y, Twitter, tú eres una muy grande. Dicho esto, hoy ha hecho el último y más grande acto de repulsa. Os explico.

Hace meses que leo críticas al programa Salvados. Críticas, de comunistas (que yo también comparto), en las que se habla de que Jordi Évole saca muchos coches oficiales, mucha Iglesia corrupta o mucha especulación, pero nunca dice que la culpa es del sistema capitalista, sino de ciertos sectores que "se han corrompido", ya sea por avaricia o por afán de poder. Una visión idealista, que tiene al hombre como algo bueno que se corrompe al subir en la escala social, pero nunca pone la mira en esa organización social corruptora. Resumiendo mal y pronto: Évole nunca dice la palabra "capitalismo".

Estos mismos comunistas, obviamente, alaban los actos de Chávez (que como siempre digo, no fue Chávez, sino toda la sociedad venezolana) por la mejora de las calidades de vida o los de Cuba por repartir mejor la riqueza. Obviamente, el paso intermedio entre capitalismo y comunismo no se puede demonizar, porque es un absurdo reaccionario, pero tampoco se puede alabar hasta el punto de no seguir adelante. Esa es la diferencia entre socialdemocracia (por ejemplo, el PSOE) y comunismo.

Otro de los puntos clave que necesito definir es que hace tiempo que vemos que actores, humoristas y otras personas dedicadas al entretenimiento se están volcando bastante en la labor social. Personas que viven bien, o que al menos viven en una burbuja que está bastante alejada del resto y que no tienen por qué bajarse de ella para preocuparse de los pobres que estamos comiendo abajo la tierra, se preocupan (quizá por aquello que decía Aristóteles de que el hombre es un "animal político") porque ven cómo nos putean. Tenemos casos claros: la gala de los Goya (con Maribel Verdú, Javier Bardem o Candela Peña, denunciando "el sistema obsoleto" y los recortes en Sanidad) o, y este es el punto al que yo quería llegar, los tres tuits que ha escrito hoy Dani Mateo.

Después de leerse una entrevista de Alberto Garzón, Dani Mateo ha escrito algo así como que la culpa es del capitalismo, del capitalismo que no genera riqueza y solo explota, y que podrían tomarse medidas para, ya que no se puede derribar, domarlo. 


¿Cómo debería haber actuado un comunista? Pues, sabiendo que este hombre tienen una cierta noción de política pero es más un humorista que un licenciado summa cum laude en Ciencias Políticas, se le podría mandar uno de tantos esquemitas que tenemos hechos sobre cómo funciona el capitalismo, una de tantas fotos que hay en la red sobre niños hambrientos, uno de tantos gráficos sobre cómo cambió algún país socialista a peor al pasarse al "capitalismo domado", uno de tantos libros escritos sobre cómo ha cambiado la sociedad socialista al pasarse al capitalismo, uno de tantos documentales que hay sobre revoluciones, una de tantas entradas en la wikipedia sobre revoluciones socialistas o cualquier cosa que se nos pueda ocurrir. Tenemos una tesis ("no se puede derribar el capitalismo, pero se puede domar") y una antítesis ("no se puede domar el capitalismo, hay que derribarlo") y podríamos haber llegado a una síntesis que quizá le habría hecho acercarse a posiciones más socialistas, como ha pasado con gente como, por decir un ejemplo, Willy Toledo (por no decir yo mismo).

Se podrían haber hecho miles de cosas para acercarle al comunismo (eso si es que solo con tuits se puede hacer), pero en lugar de eso hacemos chistes, le llamamos "hiena protoburguesa" o mercenario y hacemos chistes, que eso es muy pragmático siempre. 

Es por esto por lo que Twitter me harta: cuando vemos a un chaval filo-15M que quiere cambiar las cosas pero tiene el discurso que ha oído toda su vida y al que tiene acceso, le llamamos gilipollas desclasado, mercenario burgués y subnormal. "¿Dialéctica? No, es que eso solo se puede hacer entre gente que ya es comunista. ¿Concienciación? El comunismo lleva mucho tiempo como teoría política, la culpa es suya por no haberlo leído, no mía por  no enseñárselo". Así parece ser que funciona el comunismo en Twitter.

Yo llegué al comunismo por los comunistas del 15M a los que seguía, los que me pasaron textos de Lenin y Mao, los que me enseñaron la necesidad de unirse todos los explotados contra los explotadores. Pero ahora parece ser que lo principal es purgar, no una idea, sino a todo aquel que no tenga MI idea. "¿Uníos, hermanos proletarios? Sí, pero solo si sois comunistas". Y así, amigos, es como la burguesía no tiene ni que separarnos, porque ya nos encargamos nosotros. Así, amigos es como le hacemos nosotros el "divide y vencerás" que siempre se carga nuestra posibilidad de hacer una revolución.


lunes, 20 de mayo de 2013

Opio 2.0



Todos conocemos eso de "La religión es el opio del pueblo" que dijera Karl Marx hace un par de siglos. Puede que quizá no todos sepamos que, más que hablar de la religión como una droga adictiva, Marx se refería a su capacidad de "adormecer" el sentimiento revolucionario del pueblo. Pero bueno, eso es otro tema.

Lo que nos interesa (o al menos a mí me interesa) es hablaros de una peculiaridad que, aunque muchos ya sabéis, algunos quizá desconozcáis: el nuevo opio. ¿Es el fútbol? Puede. ¿Es la tele, en general? Muy posible. Pero yo me centro en el que ha dejado de ser el mío desde hace un par de días: Twitter.

La archiconocida red social que todos poseemos y por la que se ha llevado a cabo una labor "revolucionaria" no está haciendo sino atontar al verdadero revolucionario. Quedaba muy bien para decir cuándo era la manifestación (de hecho, sigue siendo útil en ese sentido). Era espectacularmente fantástica para interaccionar con distintos puntos de vista (y sí, sigue siéndolo). Pero, ¿qué aporta activamente? Nada. Menos que eso, engancha a la gente a la silla: miles de personas creyéndose teóricos políticos, con sus opiniones, sus argumentos, sus despotricaciones, sus sátiras, sus sarcasmos, sus defensas de algo, sus ataques a otra cosa... ¿Qué hace sino aumentar el ego? ¿Qué hace sino hacerte adicto al aplauso vía retuit?

Twitter era muy chulo cuando eras un chaval apolítico que quería ver qué era eso del 15M; Twitter era muy chulo si eras un joven que quería investigar sobre cómo es el mundo en que vives y las opciones de futuro que pueden darse en él; Twitter era muy bueno para acercar a gente que tuviera tus puntos de vista; Twitter era muy bueno, sí, pero "era", en pasado.

Publicas un tweet despotricando sobre lo idiota que es ser algo y lo coherente que es ser otra cosa y no lo haces porque quieras que la gente adopte tu postura (bonita ingenuidad), sino para que lo retuiteen. Escribimos para alimentar nuestro ego, para que la gente que piensa igual que nosotros nos dé fama, nos difunda, con la esperanza vacía de intentar llegar a alguien que no piensa como nosotros y, por arte de magia y de 140 caracteres, cambiarle de parecer, volverle uno más de nuestro nuevo enjambre.

Twitter es una máquina perfecta de hacer revolucionarios de salón, tanto derechistas que creen que las cosas se cambian con reformas, con ir a una huelga un día, con pasearte un rato de Cibeles a Sol, con una votación sobre la Sanidad, como izquierdistas que no van a la masa de gente indignada a despertar en ellos el verdadero sentido del cambio, del progreso, de la revolución contra un sistema opresor. Miles de discusiones estúpidas, debates irrisorios, intercambio absurdo de ideas, a mí me han hecho ver que mi formación es la adecuada, que yo ya "sé" y ahora me toca aplicarlo, no difundirlo por una estupidez pierdetiempo como es Twitter. No sean estúpidos, compañeros, y no caigan en las garras del opio.

Decía Gramsci: "Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza". Os habéis instruido gracias a Twitter, nos ha servido para agitarnos en la calle y nos ha hecho ver quién es como nosotros, quien quiere cambiar el mundo desde la raíz del problema. Organicémonos ahora, es el siguiente paso.

martes, 26 de marzo de 2013

Misión Escrache

Si os molestáis en buscar la palabra "escrache" (si es que aún no sabéis qué significa) en Wikipedia, leeréis esto: "Escrache es el nombre dado en el Río de la Plata, principalmente Buenos Aires y Montevideo, a un tipo de manifestación en la que un grupo de activistas se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien a quien se quiere denunciar, se trata por lo tanto de un método de protesta basado en la acción directa". Hechas las presentaciones lector-escrache, escrache-lector, vayamos al análisis actual.

Como todos sabemos, la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) ha tomado más activamente las riendas de la situación de los desahucios, hartos de esperar que estos seres que llamamos nuestros políticos, los representantes de la democracia y de nuestro poder en el Parlamento, no lo remediaran. Cogieron un millón de firmas, fueron al Congreso, presentaron una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) y parecía que todo iba a ser aceptado. Es lógico, ¿no? Acabamos de ahorrarle al Estado uno de sus mayores problemas sociales y además era una medida de mínimos (para los que no sepan Ética básica, esto significa que son ideas que todo el mundo acepta, por eso se llama "de mínimos"). Pues aquí no acaba la cosa.



La ILP aún no se ha llevado a cabo. El millón y medio de firmas no les parece suficiente como para darse prisa y parece como si les importase una mierda llevarla a cabo. Por cierto, que para el que no lo sepa, la Mesa Electoral (formada por PP y PSOE) ya bloqueó en su momento la recogida de firmas y la Junta Electoral Central las postergó hasta abril del 2012 (cuando iban a empezar en torno a marzo de 2011).

Por otro lado, la campaña de criminalización no cesa. Tanto de los fascistas de siempre, como de los progreguays de siempre, pasando por los tercerposicionistas. Estas tres corrientes las ejemplificaré con tres grandes mujeres de la política (por decirles un piropo).

Caso 1: Nuestra amada Cristina Cifuentes le dedicó el otro día unas palabras en RNE. Algo tan poco llamativo como que la PAH apoyaba grupos filoetarras. Ada Colau amenazó con acciones legales (puesto que lo que ella llamaba "apoyar a grupos proetarras" era ir a la manifestación que hubo en Bilbao hace meses y a la que fue Stop Desahucios Bizkaia, no la PAH) y Cifuentes se corrigió diciendo que ella se refería a Stop Desahucios Bizkaia. Recordemos que esta mujer es la que nos manda a los antidisturbios desde hace un año a pegarnos con porras y pelotazos en cuanto respiramos un poquito más en cualquier manifestación. Recordemos también que esta mujer es Delegada del Gobierno en Madrid, garante de la democracia y la justicia en la Comunidad Madrileña, y que permitió que Alfonso Fernández (Alfon) permaneciese más de 50 días en régimen FIES 5 (el que se impone a los terroristas de alto rango), sin más pruebas que una mochila con explosivos caseros en la que ni siquiera estaban sus huellas, cosa que ya tira toda acusación puesto que sin una prueba feaciente y solo con el testimonio de dos policías no se puede encarcelar a alguien, y menos en FIES.


Caso 2: la nueva mesías de la democracia, Beatriz Talegón. Después de decir que "los socialistas no pueden liderar la revolución desde hoteles de cinco estrellas" (debe no haber leído nunca que Marx y Engels, los creadores del socialismo que impulsó a Pablo Iglesias la creación del partido al que Beatriz pertenece, eran de familia acomodada, al igual que Lenin), se repasó todos los platós posibles de la televisión española, extendiendo su mensaje de paz, amor y cambio en el PSOE. No entraré mucho en que los mismos a los que critica son los que la elevaron la voz, pero sí me gustaría remarcar una cosa: la gente no es tonta (al menos no toda la gente) y muchos le han visto el plumero. La prueba está en que se la expulsase de una manifestación a la que había ido en cuanto que se vio que iba a hablar con las cámaras. Políticos manifestándose, vale, pero políticos vendiendo que se manifiestan no, Beatriz, eso no. Después de eso, para variar, fue a otro plató: el del Gran Debate de Telecinco. Allí, estuvo dando a entender que los que vamos a las manifestaciones somos unos filoetarras estalinistas comeniños que invocamos al demonio. Además, cuando entró Ada Colau a hablar en directo, Beatriz le estuvo increpando (lo que es bastante cachondo, porque desde el principio la PAH se ha declarado pacifista y contraria a la violencia). Si queréis ver el enfrentamiento Talegón-Colau, en el que, por cierto, Ada queda como una mujer templada y segura mientras Beatriz Talegón queda como una niñata quejica y malcriada aquí está.


Caso 3: La "ni de derechas ni de izquierdas, del que se metan más goles" Rosa Díez. El otro día Rosa Díez escribía en El Mundo un artículo en el que expresaba su opinión sobre el escrache, diciendo que los diputados tienen derechos como la intimidad, que son garantes de la democracia puesto que han sido elegidos en las urnas y que los que realizan el escrache parecen de la kale borroka. El artículo es como para hacerle un análisis completo por las cosas tan dispares que es capaz de meter Rosa Díez en él (ETA, bipartidismo, etc), pero me voy a centrar en un par de contradicciones. La primera es que considere a los diputados como garantes de la democracia por haber sido elegidos en las urnas. Dos puntualizaciones: 1)Según ella la mayoría de diputados pertenecen a la "casta política", esa casta que necesita ser regenerada puesto que son dinosaurios que llevan siglos en el poder sin dar ningún beneficio (lo gracioso es que ella lleva también desde el 79) y 2)Cuando se realizaron las elecciones, la injusta ley electoral no repartía bien votos, quedando, por ejemplo, su partido con menos escaños de los que debería, haciendo que Rosa Díez se quejase como la que más. Con estas dos puntualizaciones hechas, ¿en serio se atreve a decir que los diputados que hay ahora son garantes del voto realizado en las elecciones? Quizá necesite unas clases de lógica. La segunda contradicción de Rosa Díez es del 2003: ella, junto a fundadores de UPyD y el ala más extremista del PP (María San Gil) hicieron un escrache a Josu Jon Imaz (del ala más autonomista del PNV y actual presidente de Petronor). Parece ser que los escraches son justificables cuando la unidad de España está en peligro, pero no cuando los derechos básicos o la vida de los españoles son los que corren peligro. En la foto de más abajo, Rosa escracheando.



En definitiva, el sistema capitalista ve un problema: la PAH, que está consiguiendo que cada vez más gente salga a la calle y les está tocando verdaderamente los cojones a los que manejan vuestras vidas. Yo, en cuanto puedo, me uniré a los escraches por una simple razón: entre ver a otra persona comiendo de la basura mientras vuelvo a mi casa de la universidad y ver cómo un político del PP (o el partido que sea) no puede leer tranquilo en su casa porque hay 200 personas fuera llamándole asesino, prefiero ver lo segundo.