domingo, 26 de mayo de 2013

"Divide y vencerás"

Como ya sabréis (y si no, os lo digo ahora), Twitter me estaba hartando. Tanto por los pioletazos que mandaban los niños de 15 años a todo el mundo como por los debates irrisorios o las conversaciones gilipollas que leía a veces. No tengo tiempo para perderlo con estupideces y, Twitter, tú eres una muy grande. Dicho esto, hoy ha hecho el último y más grande acto de repulsa. Os explico.

Hace meses que leo críticas al programa Salvados. Críticas, de comunistas (que yo también comparto), en las que se habla de que Jordi Évole saca muchos coches oficiales, mucha Iglesia corrupta o mucha especulación, pero nunca dice que la culpa es del sistema capitalista, sino de ciertos sectores que "se han corrompido", ya sea por avaricia o por afán de poder. Una visión idealista, que tiene al hombre como algo bueno que se corrompe al subir en la escala social, pero nunca pone la mira en esa organización social corruptora. Resumiendo mal y pronto: Évole nunca dice la palabra "capitalismo".

Estos mismos comunistas, obviamente, alaban los actos de Chávez (que como siempre digo, no fue Chávez, sino toda la sociedad venezolana) por la mejora de las calidades de vida o los de Cuba por repartir mejor la riqueza. Obviamente, el paso intermedio entre capitalismo y comunismo no se puede demonizar, porque es un absurdo reaccionario, pero tampoco se puede alabar hasta el punto de no seguir adelante. Esa es la diferencia entre socialdemocracia (por ejemplo, el PSOE) y comunismo.

Otro de los puntos clave que necesito definir es que hace tiempo que vemos que actores, humoristas y otras personas dedicadas al entretenimiento se están volcando bastante en la labor social. Personas que viven bien, o que al menos viven en una burbuja que está bastante alejada del resto y que no tienen por qué bajarse de ella para preocuparse de los pobres que estamos comiendo abajo la tierra, se preocupan (quizá por aquello que decía Aristóteles de que el hombre es un "animal político") porque ven cómo nos putean. Tenemos casos claros: la gala de los Goya (con Maribel Verdú, Javier Bardem o Candela Peña, denunciando "el sistema obsoleto" y los recortes en Sanidad) o, y este es el punto al que yo quería llegar, los tres tuits que ha escrito hoy Dani Mateo.

Después de leerse una entrevista de Alberto Garzón, Dani Mateo ha escrito algo así como que la culpa es del capitalismo, del capitalismo que no genera riqueza y solo explota, y que podrían tomarse medidas para, ya que no se puede derribar, domarlo. 


¿Cómo debería haber actuado un comunista? Pues, sabiendo que este hombre tienen una cierta noción de política pero es más un humorista que un licenciado summa cum laude en Ciencias Políticas, se le podría mandar uno de tantos esquemitas que tenemos hechos sobre cómo funciona el capitalismo, una de tantas fotos que hay en la red sobre niños hambrientos, uno de tantos gráficos sobre cómo cambió algún país socialista a peor al pasarse al "capitalismo domado", uno de tantos libros escritos sobre cómo ha cambiado la sociedad socialista al pasarse al capitalismo, uno de tantos documentales que hay sobre revoluciones, una de tantas entradas en la wikipedia sobre revoluciones socialistas o cualquier cosa que se nos pueda ocurrir. Tenemos una tesis ("no se puede derribar el capitalismo, pero se puede domar") y una antítesis ("no se puede domar el capitalismo, hay que derribarlo") y podríamos haber llegado a una síntesis que quizá le habría hecho acercarse a posiciones más socialistas, como ha pasado con gente como, por decir un ejemplo, Willy Toledo (por no decir yo mismo).

Se podrían haber hecho miles de cosas para acercarle al comunismo (eso si es que solo con tuits se puede hacer), pero en lugar de eso hacemos chistes, le llamamos "hiena protoburguesa" o mercenario y hacemos chistes, que eso es muy pragmático siempre. 

Es por esto por lo que Twitter me harta: cuando vemos a un chaval filo-15M que quiere cambiar las cosas pero tiene el discurso que ha oído toda su vida y al que tiene acceso, le llamamos gilipollas desclasado, mercenario burgués y subnormal. "¿Dialéctica? No, es que eso solo se puede hacer entre gente que ya es comunista. ¿Concienciación? El comunismo lleva mucho tiempo como teoría política, la culpa es suya por no haberlo leído, no mía por  no enseñárselo". Así parece ser que funciona el comunismo en Twitter.

Yo llegué al comunismo por los comunistas del 15M a los que seguía, los que me pasaron textos de Lenin y Mao, los que me enseñaron la necesidad de unirse todos los explotados contra los explotadores. Pero ahora parece ser que lo principal es purgar, no una idea, sino a todo aquel que no tenga MI idea. "¿Uníos, hermanos proletarios? Sí, pero solo si sois comunistas". Y así, amigos, es como la burguesía no tiene ni que separarnos, porque ya nos encargamos nosotros. Así, amigos es como le hacemos nosotros el "divide y vencerás" que siempre se carga nuestra posibilidad de hacer una revolución.


lunes, 20 de mayo de 2013

Opio 2.0



Todos conocemos eso de "La religión es el opio del pueblo" que dijera Karl Marx hace un par de siglos. Puede que quizá no todos sepamos que, más que hablar de la religión como una droga adictiva, Marx se refería a su capacidad de "adormecer" el sentimiento revolucionario del pueblo. Pero bueno, eso es otro tema.

Lo que nos interesa (o al menos a mí me interesa) es hablaros de una peculiaridad que, aunque muchos ya sabéis, algunos quizá desconozcáis: el nuevo opio. ¿Es el fútbol? Puede. ¿Es la tele, en general? Muy posible. Pero yo me centro en el que ha dejado de ser el mío desde hace un par de días: Twitter.

La archiconocida red social que todos poseemos y por la que se ha llevado a cabo una labor "revolucionaria" no está haciendo sino atontar al verdadero revolucionario. Quedaba muy bien para decir cuándo era la manifestación (de hecho, sigue siendo útil en ese sentido). Era espectacularmente fantástica para interaccionar con distintos puntos de vista (y sí, sigue siéndolo). Pero, ¿qué aporta activamente? Nada. Menos que eso, engancha a la gente a la silla: miles de personas creyéndose teóricos políticos, con sus opiniones, sus argumentos, sus despotricaciones, sus sátiras, sus sarcasmos, sus defensas de algo, sus ataques a otra cosa... ¿Qué hace sino aumentar el ego? ¿Qué hace sino hacerte adicto al aplauso vía retuit?

Twitter era muy chulo cuando eras un chaval apolítico que quería ver qué era eso del 15M; Twitter era muy chulo si eras un joven que quería investigar sobre cómo es el mundo en que vives y las opciones de futuro que pueden darse en él; Twitter era muy bueno para acercar a gente que tuviera tus puntos de vista; Twitter era muy bueno, sí, pero "era", en pasado.

Publicas un tweet despotricando sobre lo idiota que es ser algo y lo coherente que es ser otra cosa y no lo haces porque quieras que la gente adopte tu postura (bonita ingenuidad), sino para que lo retuiteen. Escribimos para alimentar nuestro ego, para que la gente que piensa igual que nosotros nos dé fama, nos difunda, con la esperanza vacía de intentar llegar a alguien que no piensa como nosotros y, por arte de magia y de 140 caracteres, cambiarle de parecer, volverle uno más de nuestro nuevo enjambre.

Twitter es una máquina perfecta de hacer revolucionarios de salón, tanto derechistas que creen que las cosas se cambian con reformas, con ir a una huelga un día, con pasearte un rato de Cibeles a Sol, con una votación sobre la Sanidad, como izquierdistas que no van a la masa de gente indignada a despertar en ellos el verdadero sentido del cambio, del progreso, de la revolución contra un sistema opresor. Miles de discusiones estúpidas, debates irrisorios, intercambio absurdo de ideas, a mí me han hecho ver que mi formación es la adecuada, que yo ya "sé" y ahora me toca aplicarlo, no difundirlo por una estupidez pierdetiempo como es Twitter. No sean estúpidos, compañeros, y no caigan en las garras del opio.

Decía Gramsci: "Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza". Os habéis instruido gracias a Twitter, nos ha servido para agitarnos en la calle y nos ha hecho ver quién es como nosotros, quien quiere cambiar el mundo desde la raíz del problema. Organicémonos ahora, es el siguiente paso.