domingo, 26 de enero de 2014

Sanidad moribunda

Hoy mi compañero de piso ha jugado un partido de baloncesto y, como le pasó hace unos años, se ha lesionado. La otra vez fue una rotura de ligamento cruzado por la que le tuvieron que operar, así que cuando ha venido a casa para que le acompañásemos estaba preocupado: a lo mejor se lo había vuelto a romper o a lo mejor era una chorrada de un esguince. Hemos ido al Hospital Gómez Ulla, que nos pilla al lado de casa, a Urgencias, para que le mirasen y tal. Después de quince minutos esperando al Triaje (donde te preguntan edad y qué te ocurre, para meterte en una lista de espera dinámica), hemos ido a la sala de espera a que le tocase. Dos horas después, por fin le han llamado, media hora después le han hecho una radiografía y otra media hora después le han puesto vendaje compresivo y le han recetado un antiinflamatorio: era un esguince. El tiempo total (sin esperas) que deberíamos haber gastado para las radiografías y el vendaje sería, como mucho, de una hora. Nos hemos tirado casi cuatro.




¿No os parece que es una vergüenza que nos suban los impuestos para que, cuando nos pasa algo, tengamos que esperar cuatro horas a que nos atiendan? Y no solo nos suben los impuestos: bajan sueldos, recortan gasto público para "que la deuda sea menor" y destinan ese dinero ahorrado a los bancos y las empresas para que tengan liquidez. Lo gracioso es lo siguiente: esos bancos no te dan el dinero a ti para que consumas y revitalices su sistema, se lo gastan en comprar deuda pública (sí, la misma deuda que hay que pagar antes de destinar dinero a gasto social; la misma deuda que el PSOE y el PP pactaron que iba a ir en la Constitución antes que el gasto público; la misma deuda que la UE hizo que pactaran eso; la misma deuda que deben nuestros bancos a los bancos alemanes; la misma deuda que, para salvar a esos bancos que controlan a los políticos pasó de privada a pública "porque entonces la gente perdía su dinero") a un interés muy bajo. Dicho rápido y deprisa: el dinero que se debería gastar en Sanidad o Educación se lo damos a un banco para que nos endeude más (y tengamos que gastar más dinero en deuda) mientras ese mismo banco se lucra.

¿NO OS DA VERGÜENZA SEGUIR AHÍ PARADOS? Nos matan en las Urgencias con colas de espera milenarias, echan a nuestros hijos de los institutos que ahora cierran o de las universidades a las que no pueden entrar sin beca, nos hacen pagar más impuestos que luego dirigen a sus bancos y empresas, nos hacen dormir en la calle o coger comida de contenedores, nos obligan a coger puestos de trabajo con un sueldo de mierda y sin derechos, quitándonos vacaciones y bajas para ganar ellos más dinero, despiden a gente sin ningún escrúpulo ni vergüenza para mover la empresa a un país tercermundista donde aún se ahorren más dinero, controlan a los políticos a su antojo haciendo que suban los impuestos al consumo de las cosas más básicas mientras bajan el IVA a los cuadros y demás obras de arte o hacen amnistías fiscales, para poder blanquear ese dinero negro que obtienen de narcotráfico o venta de armas, invierten el dinero que guardamos en su banco en empresas que venden armas a ejércitos africanos extremistas que luchan por la ablación de las mujeres o que secuestran a niños para ser sus soldados o los mineros en sus minas de diamante o coltán, obligan a las mujeres a traer a niños deformes o sanos a los que no pueden dar de comer, hacen que los niños que ya están en este mundo no puedan comer, venden un patriotismo que se basa en una bandera o un himno pero no en la gente de ese país e intentan destrozar cualquier cultura que no sea la que ellos quieren, nos desinforman con los medios de comunicación que ellos controlan y hacen que los periodistas (quieran o no) no nos cuenten la verdad, sino "SU" verdad, criminalizan cualquier tipo de manifestación a través de esos medios o la hacen ilegal a través de los políticos que controlan. ¿NO OS DA VERGÜENZA SEGUIR AHÍ PARADOS?

Para terminar: un guiño a los de "la violencia no es el camino". Romper un escaparate, quemar un contenedor o ensuciar una calle se llama vandalismo, vale. ¿Cómo llamamos a hacer que un niño pase hambre o que alguien tenga que comer de un contenedor o que la gente duerma en la calle? Pues lo llamamos legalidad.

Mirad un poco en vuestro corazón, a ver si buscáis empatía para con las personas moribundas, que un contenedor se puede refabricar, un cristal se puede arreglar y una calle sucia se puede limpiar. Las personas muertas, por desgracia, no se pueden resucitar.






lunes, 6 de enero de 2014

Divina Virtute

He encontrado a Dios. Pero no el dios de los libros sagrados de cualquiera de las religiones que ahora vagabundean algo de fe, ni el dios de la lluvia ni el viento, ni el de las plantas o los animales, ni siquiera sé si es dios o diosa. He encontrado la fe en algo, la verdadera sensación de pertenecer a esa voluntad creadora o moldeadora, de que tiene el poder de cambiar el carácter y que puede coger la más ínfima cantidad de mi ser y manejarme a su antojo, de que puede hacerme caminar entre brasas ardiendo o de hacerme volar con alas de cera, como Ícaro.

He visto cómo mueve montañas de opiniones y nubarrones de tristezas, cómo coge un jabalí de promesas fracasadas y lo desboca contra mi alma, de cómo utiliza los ladrones de alegría para hacerme caer en el olvido de la felicidad vacía, de cómo pincha un muñeco vudú para que sienta las punzadas en mi corazón.

Pero ese Dios no es otro que yo.

He visto cómo coge lo que quiero y lo aleja, pero también cómo lo atrae. He visto cómo mueve los músculos de mi cara en una mueca de tristeza absoluta, pero también en una mueca de sonrisa verdadera, de risa exageradamente real, en un beso de amor puro. He visto sus intenciones malévolas y melancólicas, le he visto llorar por no ser quien quería, le he visto reír por creer haber llegado a serlo. He visto cómo se miraba al espejo y se daba asco, pero también le he visto mirar sus ojos marrones y vislumbrar una línea verde, le he visto peinarse y guiñarse un ojo, le he visto sonreír ante los rayitos de sol marrón-verdosos que le iluminaban el alma. Le he visto comerse un filete y un donut y dos y lechuga y maldad y bondad y azúcar y sal. Le he visto levantarse y quedarse dormido. Le he visto ponerse un pantalón y una camisa y correr bajo la lluvia mientras se reía por lo tonto que era y lo que le gustaba. Le he visto pasar frío y calor, sentir un abrazo y sentir la necesidad de darlo. Le he visto leer en el metro. Le he visto mirar libros de política y de fantasía, en un intento de unir su realidad con el multiverso de su cabeza.

Le he visto ser un dios del amor y un dios de la venganza, pero ya nunca más le voy a ver lamentarse de ello.


sábado, 4 de enero de 2014

Gelida Mortem

Muerto de frío por cómo el mundo muere algo más cada día que pasa. Muerto, por cómo tu sociedad de apariencias y de engaños es cada día más falsa y triste, más oscura, más negra. Por cómo las sombras impías que te dicen que eres un perdedor te dejan sin el calor del triunfo, sin el fuego del éxito. Muerto por cómo tu reflejo no es la idea que tú tenías, por cómo no es ni siquiera una idea decente, sino una realidad absurda que odias y te asquea. Muerto por cómo te vuelven celos y miedos, oscuros recuerdos de tiempos de desesperación y voces de hojas gélidas y frías pasando por tu sangre y dejándote helado. Muerto por cómo tus metas van muriendo mientras tú sigues adelante, por cómo se te arrastra y tú no puedes parar el motor que te lleva a ese abismo lleno de cuchillas, a ese cóctel tóxico de bosques de hielo y de sangre, a esa calavera con dientes puntiagudos que te saluda y te acerca su guadaña al cuello, envuelta en una capa de alas negras. Muerto por cómo no puedes salir del ataúd que te has impuesto, por no poder quitarte el velo que tapa tu rostro esperpéntico, por no poder sollozar a la luna ni reírle al sol, por no ver montes, sino valles, por ser un ángel sin alas de cera porque la alegría de antaño se las derritió. Muerto por caer al abismo. Muerto por vomitar tus frustraciones en una porcelana fina de deseos rotos. Muerto por evocar tristemente esa balada gris. Muerto por lo verde y lo azul, lo rojo y lo morado, lo amarillo, lo gris, lo negro. Muerto por no querer lo que ya habías querido. Muerto por morir. Muerto por muerto.

La muerte es la vida y la vida es la muerte. O no. Pero eso te da igual cuando estás a oscuras en esta habitación con cadenas de hielo.