¿Te acuerdas de tu demonio interior? El que te hacía ser borde, el que te decía que intentaras pasar por un machote o por una persona de piedra que no sufre ni padece. Sí, ese que te decía que ser malo es bueno y ser bueno es malo, que no te dejes pisotear sin pisar tú después, que mates en vez de matarte. El que te decía con sus cuchillas de plata que hicieras lo que él quería, el que se posaba en tu hombro y te susurraba maldades. El que te miraba con deseo y le correspondías. La mano que mecía tus sueños impíos de violencia y de pasión. El que quemaba con lupa al resto del mundo.
¿No lo recuerdas? Era tu frustración por los sueños incompletos, los golpes etéreos por cada fracaso, la música diabólica que hacía que... bah, da igual, ya sabes de quién hablo, ¿no? Pues ha muerto. Disfruta de su cadáver frío, de cómo el silencio lo inunda todo, de cómo eres libre. ¿No querías eso? ¿No querías ser libre?
"No tienes un demonio interior, tienes una parte de tu vida resentida con algo. Cura ese algo y quítate el demonio. O abrázale. A él le da igual"
martes, 17 de diciembre de 2013
lunes, 16 de diciembre de 2013
Llantos secos
Estoy cansado de vacíos existenciales, de promesas incumplidas, de viajes astrales a un territorio gris y vacío. Estoy cansado de las noches en vela, de las madrugadas con sueño, de los viajes en esa bestia metálica y putera que se empeñan en llamar metro. Cansado de no ver el Sol, ni la Luna, ni las estrellas, ni ver cómo me bañan con su luz cálida o fría. Cansado de solo sentir el frío de la soledad y de no recordar casi lo que es un abrazo. Cansado de malgastar el tiempo aprendiendo descubrimientos de señores importantes, teorías de locos cuerdos e ingeniosas explicaciones de personajes ilustres. Estoy cansado de todo y de nada. De ser tú, de ser él, de no ser nadie. Estoy cansado de las sonrisas falsas, de mirar al espejo y no saber quién se refleja, de la espuma amarilla y los pliegues rosáceos, de la vida y de la muerte, de cada corte en el alma, de cada idea que se marchita, de cada promesa que se incumple y de cada viga que me aplasta. Estoy cansado de verte virtual y no ser tuyo en real. Estoy cansado de ser yo sin serlo. Estoy cansado de ser quien querría ser y no soy. Estoy cansado de las caretas amigables y las putadas inconscientes, de las puyas silenciosas, de los llantos secos. Estoy cansado de ver gente que podría haber sido y nunca seré, de ver cómo triunfan mientras yo fracaso, de perderme, de perderte, de perderos. Estoy cansado de cansar y de cansarme y de estar cansado. Estoy cansado de mirar el fuego y el hielo como a hermanos que pueden liberarme. Estoy cansado del triste sonido de un violín lastimero llorando elejías por mí. Estoy cansado de una brisa constante de incertidumbre y de vergüenza. Estoy cansado de deprimirme por todo y de secarme por los ojos y convertirme en piedra, de ser insensible, de ser inocente. Estoy cansado de la culpabilidad inventada y de las estupideces falsas. Estoy cansado de la sonrisa de arena que se lleva el más mínimo viento. De la tormenta interior. De las mariposas carnívoras. De los nervios de acero que se clavan en el estómago. De la risa malvada e impía que me llama y me acecha con sus colmillos de plata. Estoy cansado de la empatía y de la poesía, de la literatura lastimera y las novelas románticas, de la pobreza extrema del cuerpo y del alma, de todo y de nada.
Estoy cansado y no descanso porque la vida no me deja. Y yo soy la muerte.
Estoy cansado y no descanso porque la vida no me deja. Y yo soy la muerte.
domingo, 15 de diciembre de 2013
Celos
De cómo te mira y acaricia tu piel con su mirada. De cómo te desnuda lenta y suavemente, besando cada parte de cuerpo que queda de nuevo en contacto con el aire. De cómo intenta llegar a lo más recóndito de tu mente y tu corazón, a ese lugar especial y secreto, aislado, al que solo algunos hemos llegado después de mucho esfuerzo y confianza, después de hacerte ver que tú también puedes visitar el homólogo que guardamos dentro. De cómo intenta sustituirme, o robarme una parte de ti que tú ya me has dado, no gratis, sino cogiendo una parte de mí que yo también te he dado.
No sé si son celos o son miedo.
De perderte. De que te hartes de mí porque ya no te doy lo que antes. O no tengo tiempo. De no ser nuevo. De envejecer y echar a perder el valor que hacía brillar tu mirada. De no tener esa gracia que te provocaba una sonrisa perpetua. De no poder besar de nuevo tus labios, o tu cuello. De no poder desnudar mi alma junto a la tuya y llorar y reír y cantar y dormir y abrazarnos y soñar con un futuro juntos. De ser egoísta y atarte a mí cuando lo que yo quiero es tu felicidad. De creer que eres mía cuando debería creer que ambos somos de ambos. De cortarte las alas y no dejarte volar mientras esta tormenta lo destroza todo.
Y no quiero y no puedo y no debo.
No sé si son celos o son miedo.
De perderte. De que te hartes de mí porque ya no te doy lo que antes. O no tengo tiempo. De no ser nuevo. De envejecer y echar a perder el valor que hacía brillar tu mirada. De no tener esa gracia que te provocaba una sonrisa perpetua. De no poder besar de nuevo tus labios, o tu cuello. De no poder desnudar mi alma junto a la tuya y llorar y reír y cantar y dormir y abrazarnos y soñar con un futuro juntos. De ser egoísta y atarte a mí cuando lo que yo quiero es tu felicidad. De creer que eres mía cuando debería creer que ambos somos de ambos. De cortarte las alas y no dejarte volar mientras esta tormenta lo destroza todo.
Y no quiero y no puedo y no debo.
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