Y despertó y estaba solo, como siempre. Eso no era novedad. Desde que habían muerto sus padres, él siempre estaba solo. No tenía amigos de verdad, solo un par de compañeros que no le pegaban, al contrario del resto. Nunca podía contarle sus problema a nadie, nunca podía llorar sobre el regazo de una madre comprensiva o el hombro de un colega casi hermano. Nunca podía sentir cariño ni afecto. Nunca... nunca podía hacer demasiadas cosas.
Excepto llorar. Llorar se le daba sorprendentemente bien. Después de todo, había practicado mucho: el día en que el profesor le sacó de clase y el director le contó que sus padres habían muerto, el primer día en que le empezaron a llamar bicho raro por leer mientras que el resto de niños jugaba, el día en que le pegaron el primer balonazo en el recreo sin venir a cuento, solo porque él no era como el resto ni quería serlo, ni podía... Demasiados llantos le habían convertido en un experto en llorar.
Tampoco es que pudiera hacer otra cosa al cabo del día. Desde que sus padres murieron le había tocado vivir con su tía, una buena mujer con algún que otro problema. Su tía había estado casada con un gran hombre, pero todo cambió cuando murió el niño que aún tenía en sus entrañas: el aborto cambió a su tío a un borracho que disfrutaba más del alcohol que de los paseos por el parque con los que solía sorprender a su mujer de vez en cuando. Su tía le dejó un tiempo después, harta de ser la segunda después de la botella y de los golpes cuando la botella no estaba, pero, por ironías de la vida, ella también había caído en el poderoso abrazo del alcohol, presa del deseo por sentirse querida, por sentir la felicidad que hubiera tenido en el pasado.
Se levantó y fue hacia el baño. Se miró al espejo y se colocó los tres mechones castaños que siempre se le descolocaban y miró sus ojos, ese verde con motitas marrones que había heredado de su madre. La mirada, esa mirada de amor con la que ella le agradecía cada día el beso de antes de irse dormir, esa no la había heredado. En su lugar, una mirada vacía y triste, de estas que transmiten las ganas de llorar. Eso era lo único que le quedaba.
Una cuchilla, un fino corte de la cuchilla que utilizaba para afeitarse cada mañana y todo acabaría. Quizá serían un par de horas de agonía, de sentimiento de vacío por la sangre que saldría de sus muñecas, pero no le importaba. No tenía a nadie que verdaderamente fuese a notar su pérdida. No tenía amigos, no tenía familia más que su tía y ella más bien solo tenía la botella. Nadie notaría ese pequeño corte profundo, esa sangre brotando de la herida, esa vida que se esfumaba poco a poco y que dejaba de llorar, de sentir pena, de ser una vida muerta para convertirse en una muerte verdadera.
Y cogió la cuchilla e hizo el corte. Y notó que la sangre brotaba, pero por fin notaba que tenía control sobre algo, sobre alguien. Por fin sentía que podía controlar la situación. Nadie había decidido cortar, solo él. Nadie podía cortar la otra muñeca o vendar la herida o pedir ayuda, solo él. Ni el niñato que sacó a sus padres de la carretera, ni el borracho de su tío, ni la depresiva de su tía, ni los abusones que le había atormentado tantos años en el colegio. Nadie controlaba su herida más que él. Otro corte y la otra mano también comenzó a vaciarse.
Se sentó dentro de la bañera y vio cómo la sangre caía sobre sus pantalones, los vaqueros que le había comprado su tía hacía un año. Daba igual que se ensuciaran, no iba a volver a ponérselos nadie. Miró al techo y pensó en el colegio. Quizá aquella chica de pelo castaño que giraba la cabeza con rabia e impotencia cuando le hacían bullying sintiese su muerte, pero eso ya daba igual. Iba a experimentar un viaje sin retorno y estaba decidido. Fuera miedos y fuera castillos de ilusiones: lo único seguro es que iba a morir y que eso no le importaba. Y así, con este pensamiento, cerró los ojos y durmió.
Y despertó otra vez, pero ya no estaba solo. Las manos vendadas, un par de vías en el brazo, una manta de hospital tapándole a él y otra a su tía, sentada a su lado y dormida en una de esos sillones que ponen en los hospitales para los acompañantes. Parecía ser que estaba en el hospital. Podía controlarlo todo, pero se le olvidó cerrar la puerta del baño con llave. El control es imperfecto. Aún así vio que había otro error: no estaba solo en este mundo. Él no era el único con problemas y los había antepuesto a su tía, la mujer que había aceptado un empleo de mierda para pagarle los vaqueros que había manchado de sangre y que tenía tantos o más problemas. Ella no había intentado la opción fácil de desaparecer, había peleado e intentado seguir, aunque a veces fallase. Estaba dormida pero se le notaba el cansancio de haberse pasado la noche en vela. Esto hizo que él llorase.
La primera lágrima la despertó. Corrió a abrazar a su sobrino y, por primera vez desde hacía varios años, él vio en ella una sonrisa. Una sonrisa por saber que su sobrino no había muerto. Una sonrisa por saber que la persona a la que quieres está bien. Una sonrisa de madre.
domingo, 2 de junio de 2013
domingo, 26 de mayo de 2013
"Divide y vencerás"
Como ya sabréis (y si no, os lo digo ahora), Twitter me estaba hartando. Tanto por los pioletazos que mandaban los niños de 15 años a todo el mundo como por los debates irrisorios o las conversaciones gilipollas que leía a veces. No tengo tiempo para perderlo con estupideces y, Twitter, tú eres una muy grande. Dicho esto, hoy ha hecho el último y más grande acto de repulsa. Os explico.
Hace meses que leo críticas al programa Salvados. Críticas, de comunistas (que yo también comparto), en las que se habla de que Jordi Évole saca muchos coches oficiales, mucha Iglesia corrupta o mucha especulación, pero nunca dice que la culpa es del sistema capitalista, sino de ciertos sectores que "se han corrompido", ya sea por avaricia o por afán de poder. Una visión idealista, que tiene al hombre como algo bueno que se corrompe al subir en la escala social, pero nunca pone la mira en esa organización social corruptora. Resumiendo mal y pronto: Évole nunca dice la palabra "capitalismo".
Estos mismos comunistas, obviamente, alaban los actos de Chávez (que como siempre digo, no fue Chávez, sino toda la sociedad venezolana) por la mejora de las calidades de vida o los de Cuba por repartir mejor la riqueza. Obviamente, el paso intermedio entre capitalismo y comunismo no se puede demonizar, porque es un absurdo reaccionario, pero tampoco se puede alabar hasta el punto de no seguir adelante. Esa es la diferencia entre socialdemocracia (por ejemplo, el PSOE) y comunismo.
Otro de los puntos clave que necesito definir es que hace tiempo que vemos que actores, humoristas y otras personas dedicadas al entretenimiento se están volcando bastante en la labor social. Personas que viven bien, o que al menos viven en una burbuja que está bastante alejada del resto y que no tienen por qué bajarse de ella para preocuparse de los pobres que estamos comiendo abajo la tierra, se preocupan (quizá por aquello que decía Aristóteles de que el hombre es un "animal político") porque ven cómo nos putean. Tenemos casos claros: la gala de los Goya (con Maribel Verdú, Javier Bardem o Candela Peña, denunciando "el sistema obsoleto" y los recortes en Sanidad) o, y este es el punto al que yo quería llegar, los tres tuits que ha escrito hoy Dani Mateo.
Después de leerse una entrevista de Alberto Garzón, Dani Mateo ha escrito algo así como que la culpa es del capitalismo, del capitalismo que no genera riqueza y solo explota, y que podrían tomarse medidas para, ya que no se puede derribar, domarlo.
Se podrían haber hecho miles de cosas para acercarle al comunismo (eso si es que solo con tuits se puede hacer), pero en lugar de eso hacemos chistes, le llamamos "hiena protoburguesa" o mercenario y hacemos chistes, que eso es muy pragmático siempre.
Es por esto por lo que Twitter me harta: cuando vemos a un chaval filo-15M que quiere cambiar las cosas pero tiene el discurso que ha oído toda su vida y al que tiene acceso, le llamamos gilipollas desclasado, mercenario burgués y subnormal. "¿Dialéctica? No, es que eso solo se puede hacer entre gente que ya es comunista. ¿Concienciación? El comunismo lleva mucho tiempo como teoría política, la culpa es suya por no haberlo leído, no mía por no enseñárselo". Así parece ser que funciona el comunismo en Twitter.
Yo llegué al comunismo por los comunistas del 15M a los que seguía, los que me pasaron textos de Lenin y Mao, los que me enseñaron la necesidad de unirse todos los explotados contra los explotadores. Pero ahora parece ser que lo principal es purgar, no una idea, sino a todo aquel que no tenga MI idea. "¿Uníos, hermanos proletarios? Sí, pero solo si sois comunistas". Y así, amigos, es como la burguesía no tiene ni que separarnos, porque ya nos encargamos nosotros. Así, amigos es como le hacemos nosotros el "divide y vencerás" que siempre se carga nuestra posibilidad de hacer una revolución.
lunes, 20 de mayo de 2013
Opio 2.0
Todos conocemos eso de "La religión es el opio del pueblo" que dijera Karl Marx hace un par de siglos. Puede que quizá no todos sepamos que, más que hablar de la religión como una droga adictiva, Marx se refería a su capacidad de "adormecer" el sentimiento revolucionario del pueblo. Pero bueno, eso es otro tema.
Lo que nos interesa (o al menos a mí me interesa) es hablaros de una peculiaridad que, aunque muchos ya sabéis, algunos quizá desconozcáis: el nuevo opio. ¿Es el fútbol? Puede. ¿Es la tele, en general? Muy posible. Pero yo me centro en el que ha dejado de ser el mío desde hace un par de días: Twitter.
La archiconocida red social que todos poseemos y por la que se ha llevado a cabo una labor "revolucionaria" no está haciendo sino atontar al verdadero revolucionario. Quedaba muy bien para decir cuándo era la manifestación (de hecho, sigue siendo útil en ese sentido). Era espectacularmente fantástica para interaccionar con distintos puntos de vista (y sí, sigue siéndolo). Pero, ¿qué aporta activamente? Nada. Menos que eso, engancha a la gente a la silla: miles de personas creyéndose teóricos políticos, con sus opiniones, sus argumentos, sus despotricaciones, sus sátiras, sus sarcasmos, sus defensas de algo, sus ataques a otra cosa... ¿Qué hace sino aumentar el ego? ¿Qué hace sino hacerte adicto al aplauso vía retuit?
Twitter era muy chulo cuando eras un chaval apolítico que quería ver qué era eso del 15M; Twitter era muy chulo si eras un joven que quería investigar sobre cómo es el mundo en que vives y las opciones de futuro que pueden darse en él; Twitter era muy bueno para acercar a gente que tuviera tus puntos de vista; Twitter era muy bueno, sí, pero "era", en pasado.
Publicas un tweet despotricando sobre lo idiota que es ser algo y lo coherente que es ser otra cosa y no lo haces porque quieras que la gente adopte tu postura (bonita ingenuidad), sino para que lo retuiteen. Escribimos para alimentar nuestro ego, para que la gente que piensa igual que nosotros nos dé fama, nos difunda, con la esperanza vacía de intentar llegar a alguien que no piensa como nosotros y, por arte de magia y de 140 caracteres, cambiarle de parecer, volverle uno más de nuestro nuevo enjambre.
Decía Gramsci: "Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza". Os habéis instruido gracias a Twitter, nos ha servido para agitarnos en la calle y nos ha hecho ver quién es como nosotros, quien quiere cambiar el mundo desde la raíz del problema. Organicémonos ahora, es el siguiente paso.
martes, 26 de marzo de 2013
Misión Escrache
Si os molestáis en buscar la palabra "escrache" (si es que aún no sabéis qué significa) en Wikipedia, leeréis esto: "Escrache es el nombre dado en el Río de la Plata, principalmente Buenos Aires y Montevideo, a un tipo de manifestación en la que un grupo de activistas se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien a quien se quiere denunciar, se trata por lo tanto de un método de protesta basado en la acción directa". Hechas las presentaciones lector-escrache, escrache-lector, vayamos al análisis actual.
Como todos sabemos, la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) ha tomado más activamente las riendas de la situación de los desahucios, hartos de esperar que estos seres que llamamos nuestros políticos, los representantes de la democracia y de nuestro poder en el Parlamento, no lo remediaran. Cogieron un millón de firmas, fueron al Congreso, presentaron una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) y parecía que todo iba a ser aceptado. Es lógico, ¿no? Acabamos de ahorrarle al Estado uno de sus mayores problemas sociales y además era una medida de mínimos (para los que no sepan Ética básica, esto significa que son ideas que todo el mundo acepta, por eso se llama "de mínimos"). Pues aquí no acaba la cosa.
La ILP aún no se ha llevado a cabo. El millón y medio de firmas no les parece suficiente como para darse prisa y parece como si les importase una mierda llevarla a cabo. Por cierto, que para el que no lo sepa, la Mesa Electoral (formada por PP y PSOE) ya bloqueó en su momento la recogida de firmas y la Junta Electoral Central las postergó hasta abril del 2012 (cuando iban a empezar en torno a marzo de 2011).
Por otro lado, la campaña de criminalización no cesa. Tanto de los fascistas de siempre, como de los progreguays de siempre, pasando por los tercerposicionistas. Estas tres corrientes las ejemplificaré con tres grandes mujeres de la política (por decirles un piropo).
Caso 1: Nuestra amada Cristina Cifuentes le dedicó el otro día unas palabras en RNE. Algo tan poco llamativo como que la PAH apoyaba grupos filoetarras. Ada Colau amenazó con acciones legales (puesto que lo que ella llamaba "apoyar a grupos proetarras" era ir a la manifestación que hubo en Bilbao hace meses y a la que fue Stop Desahucios Bizkaia, no la PAH) y Cifuentes se corrigió diciendo que ella se refería a Stop Desahucios Bizkaia. Recordemos que esta mujer es la que nos manda a los antidisturbios desde hace un año a pegarnos con porras y pelotazos en cuanto respiramos un poquito más en cualquier manifestación. Recordemos también que esta mujer es Delegada del Gobierno en Madrid, garante de la democracia y la justicia en la Comunidad Madrileña, y que permitió que Alfonso Fernández (Alfon) permaneciese más de 50 días en régimen FIES 5 (el que se impone a los terroristas de alto rango), sin más pruebas que una mochila con explosivos caseros en la que ni siquiera estaban sus huellas, cosa que ya tira toda acusación puesto que sin una prueba feaciente y solo con el testimonio de dos policías no se puede encarcelar a alguien, y menos en FIES.
Caso 2: la nueva mesías de la democracia, Beatriz Talegón. Después de decir que "los socialistas no pueden liderar la revolución desde hoteles de cinco estrellas" (debe no haber leído nunca que Marx y Engels, los creadores del socialismo que impulsó a Pablo Iglesias la creación del partido al que Beatriz pertenece, eran de familia acomodada, al igual que Lenin), se repasó todos los platós posibles de la televisión española, extendiendo su mensaje de paz, amor y cambio en el PSOE. No entraré mucho en que los mismos a los que critica son los que la elevaron la voz, pero sí me gustaría remarcar una cosa: la gente no es tonta (al menos no toda la gente) y muchos le han visto el plumero. La prueba está en que se la expulsase de una manifestación a la que había ido en cuanto que se vio que iba a hablar con las cámaras. Políticos manifestándose, vale, pero políticos vendiendo que se manifiestan no, Beatriz, eso no. Después de eso, para variar, fue a otro plató: el del Gran Debate de Telecinco. Allí, estuvo dando a entender que los que vamos a las manifestaciones somos unos filoetarras estalinistas comeniños que invocamos al demonio. Además, cuando entró Ada Colau a hablar en directo, Beatriz le estuvo increpando (lo que es bastante cachondo, porque desde el principio la PAH se ha declarado pacifista y contraria a la violencia). Si queréis ver el enfrentamiento Talegón-Colau, en el que, por cierto, Ada queda como una mujer templada y segura mientras Beatriz Talegón queda como una niñata quejica y malcriada aquí está.
Caso 3: La "ni de derechas ni de izquierdas, del que se metan más goles" Rosa Díez. El otro día Rosa Díez escribía en El Mundo un artículo en el que expresaba su opinión sobre el escrache, diciendo que los diputados tienen derechos como la intimidad, que son garantes de la democracia puesto que han sido elegidos en las urnas y que los que realizan el escrache parecen de la kale borroka. El artículo es como para hacerle un análisis completo por las cosas tan dispares que es capaz de meter Rosa Díez en él (ETA, bipartidismo, etc), pero me voy a centrar en un par de contradicciones. La primera es que considere a los diputados como garantes de la democracia por haber sido elegidos en las urnas. Dos puntualizaciones: 1)Según ella la mayoría de diputados pertenecen a la "casta política", esa casta que necesita ser regenerada puesto que son dinosaurios que llevan siglos en el poder sin dar ningún beneficio (lo gracioso es que ella lleva también desde el 79) y 2)Cuando se realizaron las elecciones, la injusta ley electoral no repartía bien votos, quedando, por ejemplo, su partido con menos escaños de los que debería, haciendo que Rosa Díez se quejase como la que más. Con estas dos puntualizaciones hechas, ¿en serio se atreve a decir que los diputados que hay ahora son garantes del voto realizado en las elecciones? Quizá necesite unas clases de lógica. La segunda contradicción de Rosa Díez es del 2003: ella, junto a fundadores de UPyD y el ala más extremista del PP (María San Gil) hicieron un escrache a Josu Jon Imaz (del ala más autonomista del PNV y actual presidente de Petronor). Parece ser que los escraches son justificables cuando la unidad de España está en peligro, pero no cuando los derechos básicos o la vida de los españoles son los que corren peligro. En la foto de más abajo, Rosa escracheando.
En definitiva, el sistema capitalista ve un problema: la PAH, que está consiguiendo que cada vez más gente salga a la calle y les está tocando verdaderamente los cojones a los que manejan vuestras vidas. Yo, en cuanto puedo, me uniré a los escraches por una simple razón: entre ver a otra persona comiendo de la basura mientras vuelvo a mi casa de la universidad y ver cómo un político del PP (o el partido que sea) no puede leer tranquilo en su casa porque hay 200 personas fuera llamándole asesino, prefiero ver lo segundo.
Como todos sabemos, la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) ha tomado más activamente las riendas de la situación de los desahucios, hartos de esperar que estos seres que llamamos nuestros políticos, los representantes de la democracia y de nuestro poder en el Parlamento, no lo remediaran. Cogieron un millón de firmas, fueron al Congreso, presentaron una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) y parecía que todo iba a ser aceptado. Es lógico, ¿no? Acabamos de ahorrarle al Estado uno de sus mayores problemas sociales y además era una medida de mínimos (para los que no sepan Ética básica, esto significa que son ideas que todo el mundo acepta, por eso se llama "de mínimos"). Pues aquí no acaba la cosa.
La ILP aún no se ha llevado a cabo. El millón y medio de firmas no les parece suficiente como para darse prisa y parece como si les importase una mierda llevarla a cabo. Por cierto, que para el que no lo sepa, la Mesa Electoral (formada por PP y PSOE) ya bloqueó en su momento la recogida de firmas y la Junta Electoral Central las postergó hasta abril del 2012 (cuando iban a empezar en torno a marzo de 2011).
Por otro lado, la campaña de criminalización no cesa. Tanto de los fascistas de siempre, como de los progreguays de siempre, pasando por los tercerposicionistas. Estas tres corrientes las ejemplificaré con tres grandes mujeres de la política (por decirles un piropo).
Caso 1: Nuestra amada Cristina Cifuentes le dedicó el otro día unas palabras en RNE. Algo tan poco llamativo como que la PAH apoyaba grupos filoetarras. Ada Colau amenazó con acciones legales (puesto que lo que ella llamaba "apoyar a grupos proetarras" era ir a la manifestación que hubo en Bilbao hace meses y a la que fue Stop Desahucios Bizkaia, no la PAH) y Cifuentes se corrigió diciendo que ella se refería a Stop Desahucios Bizkaia. Recordemos que esta mujer es la que nos manda a los antidisturbios desde hace un año a pegarnos con porras y pelotazos en cuanto respiramos un poquito más en cualquier manifestación. Recordemos también que esta mujer es Delegada del Gobierno en Madrid, garante de la democracia y la justicia en la Comunidad Madrileña, y que permitió que Alfonso Fernández (Alfon) permaneciese más de 50 días en régimen FIES 5 (el que se impone a los terroristas de alto rango), sin más pruebas que una mochila con explosivos caseros en la que ni siquiera estaban sus huellas, cosa que ya tira toda acusación puesto que sin una prueba feaciente y solo con el testimonio de dos policías no se puede encarcelar a alguien, y menos en FIES.
Caso 3: La "ni de derechas ni de izquierdas, del que se metan más goles" Rosa Díez. El otro día Rosa Díez escribía en El Mundo un artículo en el que expresaba su opinión sobre el escrache, diciendo que los diputados tienen derechos como la intimidad, que son garantes de la democracia puesto que han sido elegidos en las urnas y que los que realizan el escrache parecen de la kale borroka. El artículo es como para hacerle un análisis completo por las cosas tan dispares que es capaz de meter Rosa Díez en él (ETA, bipartidismo, etc), pero me voy a centrar en un par de contradicciones. La primera es que considere a los diputados como garantes de la democracia por haber sido elegidos en las urnas. Dos puntualizaciones: 1)Según ella la mayoría de diputados pertenecen a la "casta política", esa casta que necesita ser regenerada puesto que son dinosaurios que llevan siglos en el poder sin dar ningún beneficio (lo gracioso es que ella lleva también desde el 79) y 2)Cuando se realizaron las elecciones, la injusta ley electoral no repartía bien votos, quedando, por ejemplo, su partido con menos escaños de los que debería, haciendo que Rosa Díez se quejase como la que más. Con estas dos puntualizaciones hechas, ¿en serio se atreve a decir que los diputados que hay ahora son garantes del voto realizado en las elecciones? Quizá necesite unas clases de lógica. La segunda contradicción de Rosa Díez es del 2003: ella, junto a fundadores de UPyD y el ala más extremista del PP (María San Gil) hicieron un escrache a Josu Jon Imaz (del ala más autonomista del PNV y actual presidente de Petronor). Parece ser que los escraches son justificables cuando la unidad de España está en peligro, pero no cuando los derechos básicos o la vida de los españoles son los que corren peligro. En la foto de más abajo, Rosa escracheando.
sábado, 29 de diciembre de 2012
El primer día del resto de tu vida
Qué escribir, qué decir, qué llorar... Demasiadas preguntas, demasiadas cuestiones, demasiados enigmas que tratar. ¿Por qué escribir si nadie lo lee? ¿Por qué hacer algo si nadie lo ve? Decisión, necesidad, alegría, realización. Todo junto, todo separado. Miedo, angustia, desenfreno. Todo te llama pero por nada quieres caer. "Dos líneas y espaciado", repites en tu cabeza.
"Que no lo lea y le disguste. No quiero caer otra vez". Tic Tac. Otra línea leída. ¿Está bien o está mal? Eso nadie lo sabe. Sigue leyendo. ¿Eso es bueno o malo? Está bostezando. ¿Ha bostezado? ¿Por qué ha bostezado? Antes se ha pasado la mano por el ojo, quizá tenga sueño. O es un bodrio. No, un bodrio no es. Bueno, quizá. Ay, no sé. Bah, da igual.
Un, dos, tres: texto acabado. ¿Qué tal? ¿Bien o mal? No es preciso, no hace falta. "Que le haya gustado, que le haya gustado...", te repites otra vez. No está mal, no está bien, ni está fatal. ¿Qué más quieres? Es genial. No. No. No. No puedo aguantarlo más. O es perfecto o es una mierda, pero que lo diga ya. ¿Más tiempo? ¿Para qué?
Las gotas caen de la nube, se estampan contra la ventana y yo ya veo mi fracaso: "Escritor caído del cielo... se estrella". Empecé bien, acabé mal. ¿Para qué? Para caer otra vez. No quería. Sí quería. Ya ni lo sé. Pero esto es todo. Ya no quiero seguir. El teléfono está sonando. Da igual.
Cojo el gato, me meto en el baño y acabo con todo. Esta cuchilla no, que me da mal rollo, aunque, ¿qué más da? No voy a tener tétanos y me da igual cortar un tendón. Sí, esta y ya está. Un cortecito aquí, otro allá. Au, duele. ¿Y el gato? Para la vecina, ella lo querrá. Au, duele. ¿Por qué dos brazos? Ya dejo de verle la utilidad. Un pie en el agua. Otro pie. Joder, debería haberme quitado la ropa.
Dos minutos. Dos minutos ya. Esto es eterno y el teléfono no deja de sonar. ¿Me levanto y cuelgo? No, no pararían de llamar. "Vuelva usted a llamar mañana, que no está". No, demasiado irreal. Seguro que es del periódico. Este bodrio no me lo publican. ¿Por qué? ¿Por qué? Empecé bien, acabe mal. Típico de tragedia griega.
Estoy cansado. ¿Y si meto la cabeza bajo el agua? No. Además el puto gato ya ni está. Sabía que en la bañera no se metía, pero esperaba que me quisiera un poco. En fin, cerrar los ojos y esperar la muerte. Esa flecha impía que atraviesa a buenos y malos, ricos y pobres, gordos y flacos, feos y guapos, listos y necios. Echo de menos el calor de sus manos. Quizá si él estuviera habría podido escribir mejor.
¿Un WhatsApp a Pablo? No, demasiado idiota. ¿Qué escribir? "Hola, me he rajado, ven a por mí. Estoy en la bañera. Besis". No, no seas estúpido. Ya es tarde. Habrá conocido a otro. Déjalo. No puedo. Sí puedes. Duérmete. Tienes que dormir. Dormir para siempre. Eso quisiste. Sí, dormir para siempre...
¿Qué es esto? Estaba en la bañera y... ¿qué hago en la cama de un hospital? Ay, duele. Sigue doliendo. Pero se ve que está vendado. Supongo que alguien me habrá... ¿Ese es Pablo? Supongo que sería el que llamaba. Supongo que debería haber cogido el teléfono antes que al gato. Supongo que soy idiota. Supongo que sí.
Echaba de menos su sonrisa, sus caricias, sus besos en la mejilla. Soy un idiota. Ahora lo sé. Creo que sabe que no estoy dormido. Es demasiado idiota seguir fingiendo. Ya estoy harto. Harto de fingir con él, con el del periódico. Que sea un bodrio, da igual. No seas idiota, otra vez no. Ahora tienes otra oportunidad. Aquí empieza el primer día del resto de tu vida.
"Que no lo lea y le disguste. No quiero caer otra vez". Tic Tac. Otra línea leída. ¿Está bien o está mal? Eso nadie lo sabe. Sigue leyendo. ¿Eso es bueno o malo? Está bostezando. ¿Ha bostezado? ¿Por qué ha bostezado? Antes se ha pasado la mano por el ojo, quizá tenga sueño. O es un bodrio. No, un bodrio no es. Bueno, quizá. Ay, no sé. Bah, da igual.
Un, dos, tres: texto acabado. ¿Qué tal? ¿Bien o mal? No es preciso, no hace falta. "Que le haya gustado, que le haya gustado...", te repites otra vez. No está mal, no está bien, ni está fatal. ¿Qué más quieres? Es genial. No. No. No. No puedo aguantarlo más. O es perfecto o es una mierda, pero que lo diga ya. ¿Más tiempo? ¿Para qué?
Las gotas caen de la nube, se estampan contra la ventana y yo ya veo mi fracaso: "Escritor caído del cielo... se estrella". Empecé bien, acabé mal. ¿Para qué? Para caer otra vez. No quería. Sí quería. Ya ni lo sé. Pero esto es todo. Ya no quiero seguir. El teléfono está sonando. Da igual.
Cojo el gato, me meto en el baño y acabo con todo. Esta cuchilla no, que me da mal rollo, aunque, ¿qué más da? No voy a tener tétanos y me da igual cortar un tendón. Sí, esta y ya está. Un cortecito aquí, otro allá. Au, duele. ¿Y el gato? Para la vecina, ella lo querrá. Au, duele. ¿Por qué dos brazos? Ya dejo de verle la utilidad. Un pie en el agua. Otro pie. Joder, debería haberme quitado la ropa.
Dos minutos. Dos minutos ya. Esto es eterno y el teléfono no deja de sonar. ¿Me levanto y cuelgo? No, no pararían de llamar. "Vuelva usted a llamar mañana, que no está". No, demasiado irreal. Seguro que es del periódico. Este bodrio no me lo publican. ¿Por qué? ¿Por qué? Empecé bien, acabe mal. Típico de tragedia griega.
Estoy cansado. ¿Y si meto la cabeza bajo el agua? No. Además el puto gato ya ni está. Sabía que en la bañera no se metía, pero esperaba que me quisiera un poco. En fin, cerrar los ojos y esperar la muerte. Esa flecha impía que atraviesa a buenos y malos, ricos y pobres, gordos y flacos, feos y guapos, listos y necios. Echo de menos el calor de sus manos. Quizá si él estuviera habría podido escribir mejor.
¿Un WhatsApp a Pablo? No, demasiado idiota. ¿Qué escribir? "Hola, me he rajado, ven a por mí. Estoy en la bañera. Besis". No, no seas estúpido. Ya es tarde. Habrá conocido a otro. Déjalo. No puedo. Sí puedes. Duérmete. Tienes que dormir. Dormir para siempre. Eso quisiste. Sí, dormir para siempre...
¿Qué es esto? Estaba en la bañera y... ¿qué hago en la cama de un hospital? Ay, duele. Sigue doliendo. Pero se ve que está vendado. Supongo que alguien me habrá... ¿Ese es Pablo? Supongo que sería el que llamaba. Supongo que debería haber cogido el teléfono antes que al gato. Supongo que soy idiota. Supongo que sí.
Echaba de menos su sonrisa, sus caricias, sus besos en la mejilla. Soy un idiota. Ahora lo sé. Creo que sabe que no estoy dormido. Es demasiado idiota seguir fingiendo. Ya estoy harto. Harto de fingir con él, con el del periódico. Que sea un bodrio, da igual. No seas idiota, otra vez no. Ahora tienes otra oportunidad. Aquí empieza el primer día del resto de tu vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
