lunes, 20 de mayo de 2013

Opio 2.0



Todos conocemos eso de "La religión es el opio del pueblo" que dijera Karl Marx hace un par de siglos. Puede que quizá no todos sepamos que, más que hablar de la religión como una droga adictiva, Marx se refería a su capacidad de "adormecer" el sentimiento revolucionario del pueblo. Pero bueno, eso es otro tema.

Lo que nos interesa (o al menos a mí me interesa) es hablaros de una peculiaridad que, aunque muchos ya sabéis, algunos quizá desconozcáis: el nuevo opio. ¿Es el fútbol? Puede. ¿Es la tele, en general? Muy posible. Pero yo me centro en el que ha dejado de ser el mío desde hace un par de días: Twitter.

La archiconocida red social que todos poseemos y por la que se ha llevado a cabo una labor "revolucionaria" no está haciendo sino atontar al verdadero revolucionario. Quedaba muy bien para decir cuándo era la manifestación (de hecho, sigue siendo útil en ese sentido). Era espectacularmente fantástica para interaccionar con distintos puntos de vista (y sí, sigue siéndolo). Pero, ¿qué aporta activamente? Nada. Menos que eso, engancha a la gente a la silla: miles de personas creyéndose teóricos políticos, con sus opiniones, sus argumentos, sus despotricaciones, sus sátiras, sus sarcasmos, sus defensas de algo, sus ataques a otra cosa... ¿Qué hace sino aumentar el ego? ¿Qué hace sino hacerte adicto al aplauso vía retuit?

Twitter era muy chulo cuando eras un chaval apolítico que quería ver qué era eso del 15M; Twitter era muy chulo si eras un joven que quería investigar sobre cómo es el mundo en que vives y las opciones de futuro que pueden darse en él; Twitter era muy bueno para acercar a gente que tuviera tus puntos de vista; Twitter era muy bueno, sí, pero "era", en pasado.

Publicas un tweet despotricando sobre lo idiota que es ser algo y lo coherente que es ser otra cosa y no lo haces porque quieras que la gente adopte tu postura (bonita ingenuidad), sino para que lo retuiteen. Escribimos para alimentar nuestro ego, para que la gente que piensa igual que nosotros nos dé fama, nos difunda, con la esperanza vacía de intentar llegar a alguien que no piensa como nosotros y, por arte de magia y de 140 caracteres, cambiarle de parecer, volverle uno más de nuestro nuevo enjambre.

Twitter es una máquina perfecta de hacer revolucionarios de salón, tanto derechistas que creen que las cosas se cambian con reformas, con ir a una huelga un día, con pasearte un rato de Cibeles a Sol, con una votación sobre la Sanidad, como izquierdistas que no van a la masa de gente indignada a despertar en ellos el verdadero sentido del cambio, del progreso, de la revolución contra un sistema opresor. Miles de discusiones estúpidas, debates irrisorios, intercambio absurdo de ideas, a mí me han hecho ver que mi formación es la adecuada, que yo ya "sé" y ahora me toca aplicarlo, no difundirlo por una estupidez pierdetiempo como es Twitter. No sean estúpidos, compañeros, y no caigan en las garras del opio.

Decía Gramsci: "Instrúyanse, porque tendremos necesidad de toda vuestra inteligencia. Agítense, porque tendremos necesidad de todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque tendremos necesidad de toda vuestra fuerza". Os habéis instruido gracias a Twitter, nos ha servido para agitarnos en la calle y nos ha hecho ver quién es como nosotros, quien quiere cambiar el mundo desde la raíz del problema. Organicémonos ahora, es el siguiente paso.

martes, 26 de marzo de 2013

Misión Escrache

Si os molestáis en buscar la palabra "escrache" (si es que aún no sabéis qué significa) en Wikipedia, leeréis esto: "Escrache es el nombre dado en el Río de la Plata, principalmente Buenos Aires y Montevideo, a un tipo de manifestación en la que un grupo de activistas se dirige al domicilio o lugar de trabajo de alguien a quien se quiere denunciar, se trata por lo tanto de un método de protesta basado en la acción directa". Hechas las presentaciones lector-escrache, escrache-lector, vayamos al análisis actual.

Como todos sabemos, la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) ha tomado más activamente las riendas de la situación de los desahucios, hartos de esperar que estos seres que llamamos nuestros políticos, los representantes de la democracia y de nuestro poder en el Parlamento, no lo remediaran. Cogieron un millón de firmas, fueron al Congreso, presentaron una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) y parecía que todo iba a ser aceptado. Es lógico, ¿no? Acabamos de ahorrarle al Estado uno de sus mayores problemas sociales y además era una medida de mínimos (para los que no sepan Ética básica, esto significa que son ideas que todo el mundo acepta, por eso se llama "de mínimos"). Pues aquí no acaba la cosa.



La ILP aún no se ha llevado a cabo. El millón y medio de firmas no les parece suficiente como para darse prisa y parece como si les importase una mierda llevarla a cabo. Por cierto, que para el que no lo sepa, la Mesa Electoral (formada por PP y PSOE) ya bloqueó en su momento la recogida de firmas y la Junta Electoral Central las postergó hasta abril del 2012 (cuando iban a empezar en torno a marzo de 2011).

Por otro lado, la campaña de criminalización no cesa. Tanto de los fascistas de siempre, como de los progreguays de siempre, pasando por los tercerposicionistas. Estas tres corrientes las ejemplificaré con tres grandes mujeres de la política (por decirles un piropo).

Caso 1: Nuestra amada Cristina Cifuentes le dedicó el otro día unas palabras en RNE. Algo tan poco llamativo como que la PAH apoyaba grupos filoetarras. Ada Colau amenazó con acciones legales (puesto que lo que ella llamaba "apoyar a grupos proetarras" era ir a la manifestación que hubo en Bilbao hace meses y a la que fue Stop Desahucios Bizkaia, no la PAH) y Cifuentes se corrigió diciendo que ella se refería a Stop Desahucios Bizkaia. Recordemos que esta mujer es la que nos manda a los antidisturbios desde hace un año a pegarnos con porras y pelotazos en cuanto respiramos un poquito más en cualquier manifestación. Recordemos también que esta mujer es Delegada del Gobierno en Madrid, garante de la democracia y la justicia en la Comunidad Madrileña, y que permitió que Alfonso Fernández (Alfon) permaneciese más de 50 días en régimen FIES 5 (el que se impone a los terroristas de alto rango), sin más pruebas que una mochila con explosivos caseros en la que ni siquiera estaban sus huellas, cosa que ya tira toda acusación puesto que sin una prueba feaciente y solo con el testimonio de dos policías no se puede encarcelar a alguien, y menos en FIES.


Caso 2: la nueva mesías de la democracia, Beatriz Talegón. Después de decir que "los socialistas no pueden liderar la revolución desde hoteles de cinco estrellas" (debe no haber leído nunca que Marx y Engels, los creadores del socialismo que impulsó a Pablo Iglesias la creación del partido al que Beatriz pertenece, eran de familia acomodada, al igual que Lenin), se repasó todos los platós posibles de la televisión española, extendiendo su mensaje de paz, amor y cambio en el PSOE. No entraré mucho en que los mismos a los que critica son los que la elevaron la voz, pero sí me gustaría remarcar una cosa: la gente no es tonta (al menos no toda la gente) y muchos le han visto el plumero. La prueba está en que se la expulsase de una manifestación a la que había ido en cuanto que se vio que iba a hablar con las cámaras. Políticos manifestándose, vale, pero políticos vendiendo que se manifiestan no, Beatriz, eso no. Después de eso, para variar, fue a otro plató: el del Gran Debate de Telecinco. Allí, estuvo dando a entender que los que vamos a las manifestaciones somos unos filoetarras estalinistas comeniños que invocamos al demonio. Además, cuando entró Ada Colau a hablar en directo, Beatriz le estuvo increpando (lo que es bastante cachondo, porque desde el principio la PAH se ha declarado pacifista y contraria a la violencia). Si queréis ver el enfrentamiento Talegón-Colau, en el que, por cierto, Ada queda como una mujer templada y segura mientras Beatriz Talegón queda como una niñata quejica y malcriada aquí está.


Caso 3: La "ni de derechas ni de izquierdas, del que se metan más goles" Rosa Díez. El otro día Rosa Díez escribía en El Mundo un artículo en el que expresaba su opinión sobre el escrache, diciendo que los diputados tienen derechos como la intimidad, que son garantes de la democracia puesto que han sido elegidos en las urnas y que los que realizan el escrache parecen de la kale borroka. El artículo es como para hacerle un análisis completo por las cosas tan dispares que es capaz de meter Rosa Díez en él (ETA, bipartidismo, etc), pero me voy a centrar en un par de contradicciones. La primera es que considere a los diputados como garantes de la democracia por haber sido elegidos en las urnas. Dos puntualizaciones: 1)Según ella la mayoría de diputados pertenecen a la "casta política", esa casta que necesita ser regenerada puesto que son dinosaurios que llevan siglos en el poder sin dar ningún beneficio (lo gracioso es que ella lleva también desde el 79) y 2)Cuando se realizaron las elecciones, la injusta ley electoral no repartía bien votos, quedando, por ejemplo, su partido con menos escaños de los que debería, haciendo que Rosa Díez se quejase como la que más. Con estas dos puntualizaciones hechas, ¿en serio se atreve a decir que los diputados que hay ahora son garantes del voto realizado en las elecciones? Quizá necesite unas clases de lógica. La segunda contradicción de Rosa Díez es del 2003: ella, junto a fundadores de UPyD y el ala más extremista del PP (María San Gil) hicieron un escrache a Josu Jon Imaz (del ala más autonomista del PNV y actual presidente de Petronor). Parece ser que los escraches son justificables cuando la unidad de España está en peligro, pero no cuando los derechos básicos o la vida de los españoles son los que corren peligro. En la foto de más abajo, Rosa escracheando.



En definitiva, el sistema capitalista ve un problema: la PAH, que está consiguiendo que cada vez más gente salga a la calle y les está tocando verdaderamente los cojones a los que manejan vuestras vidas. Yo, en cuanto puedo, me uniré a los escraches por una simple razón: entre ver a otra persona comiendo de la basura mientras vuelvo a mi casa de la universidad y ver cómo un político del PP (o el partido que sea) no puede leer tranquilo en su casa porque hay 200 personas fuera llamándole asesino, prefiero ver lo segundo.

sábado, 29 de diciembre de 2012

El primer día del resto de tu vida

Qué escribir, qué decir, qué llorar... Demasiadas preguntas, demasiadas cuestiones, demasiados enigmas que tratar. ¿Por qué escribir si nadie lo lee? ¿Por qué hacer algo si nadie lo ve? Decisión, necesidad, alegría, realización. Todo junto, todo separado. Miedo, angustia, desenfreno. Todo te llama pero por nada quieres caer. "Dos líneas y espaciado", repites en tu cabeza.

"Que no lo lea y le disguste. No quiero caer otra vez". Tic Tac. Otra línea leída. ¿Está bien o está mal? Eso nadie lo sabe. Sigue leyendo. ¿Eso es bueno o malo? Está bostezando. ¿Ha bostezado? ¿Por qué ha bostezado? Antes se ha pasado la mano por el ojo, quizá tenga sueño. O es un bodrio. No, un bodrio no es. Bueno, quizá. Ay, no sé. Bah, da igual.

Un, dos, tres: texto acabado. ¿Qué tal? ¿Bien o mal? No es preciso, no hace falta. "Que le haya gustado, que le haya gustado...", te repites otra vez. No está mal, no está bien, ni está fatal. ¿Qué más quieres? Es genial. No. No. No. No puedo aguantarlo más. O es perfecto o es una mierda, pero que lo diga ya. ¿Más tiempo? ¿Para qué?

Las gotas caen de la nube, se estampan contra la ventana y yo ya veo mi fracaso: "Escritor caído del cielo... se estrella". Empecé bien, acabé mal. ¿Para qué? Para caer otra vez. No quería. Sí quería. Ya ni lo sé. Pero esto es todo. Ya no quiero seguir. El teléfono está sonando. Da igual.

Cojo el gato, me meto en el baño y acabo con todo. Esta cuchilla no, que me da mal rollo, aunque, ¿qué más da? No voy a tener tétanos y me da igual cortar un tendón. Sí, esta y ya está. Un cortecito aquí, otro allá. Au, duele. ¿Y el gato? Para la vecina, ella lo querrá. Au, duele. ¿Por qué dos brazos? Ya dejo de verle la utilidad. Un pie en el agua. Otro pie. Joder, debería haberme quitado la ropa.

Dos minutos. Dos minutos ya. Esto es eterno y el teléfono no deja de sonar. ¿Me levanto y cuelgo? No, no pararían de llamar. "Vuelva usted a llamar mañana, que no está". No, demasiado irreal. Seguro que es del periódico. Este bodrio no me lo publican. ¿Por qué? ¿Por qué? Empecé bien, acabe mal. Típico de tragedia griega.

Estoy cansado. ¿Y si meto la cabeza bajo el agua? No. Además el puto gato ya ni está. Sabía que en la bañera no se metía, pero esperaba que me quisiera un poco. En fin, cerrar los ojos y esperar la muerte. Esa flecha impía que atraviesa a buenos y malos, ricos y pobres, gordos y flacos, feos y guapos, listos y necios. Echo de menos el calor de sus manos. Quizá si él estuviera habría podido escribir mejor.

¿Un WhatsApp a Pablo? No, demasiado idiota. ¿Qué escribir? "Hola, me he rajado, ven a por mí. Estoy en la bañera. Besis". No, no seas estúpido. Ya es tarde. Habrá conocido a otro. Déjalo. No puedo. Sí puedes. Duérmete. Tienes que dormir. Dormir para siempre. Eso quisiste. Sí, dormir para siempre...

¿Qué es esto? Estaba en la bañera y... ¿qué hago en la cama de un hospital? Ay, duele. Sigue doliendo. Pero se ve que está vendado. Supongo que alguien me habrá... ¿Ese es Pablo? Supongo que sería el que llamaba. Supongo que debería haber cogido el teléfono antes que al gato. Supongo que soy idiota. Supongo que sí.

Echaba de menos su sonrisa, sus caricias, sus besos en la mejilla. Soy un idiota. Ahora lo sé. Creo que sabe que no estoy dormido. Es demasiado idiota seguir fingiendo. Ya estoy harto. Harto de fingir con él, con el del periódico. Que sea un bodrio, da igual. No seas idiota, otra vez no. Ahora tienes otra oportunidad. Aquí empieza el primer día del resto de tu vida.

jueves, 1 de noviembre de 2012

El malvado inmigrante

 


Existe una creencia obsesiva por culpar al inmigrante de turno de los problemas que te ocurren. Ese malvado marroquí que tuvo que venir en patera, ese diabólico ecuatoriano que se dejó a su familia al otro lado del mar o ese demoníaco rumano que llegó con una mano delante y otra detrás tienen la culpa de la crisis, de que tú ahora tengas un sueldo de miseria o de que tu perrito haya muerto. Bromas aparte, el tema de la xenofobia es algo serio y yo, que suelo pecar de abogado del diablo, voy a intentar analizarlo de forma racional (no sin poner parte de mi opinión y mi estilo, claro está).

Muchos argumentos contra los inmigrantes son irracionales, fruto de una de esas maldades humanas llamada xenofobia. Todos hemos oído el de "nos quitan nuestro trabajo" o el de "vienen a robar", pero: ¿lo hemos comprobado tan exhaustivamente como para poder generalizar estas hipótesis a todo inmigrante con el que nos crucemos? La respuesta es un obvio No.

Los inmigrantes llegaron en una época de bonanza económica, en la que nosotros, los gallardos españoles, no manchábamos nuestras delicadas manos en trabajos con sueldos que nos parecían indignos y en los que, como se diría en mi pueblo, había que doblar el espinazo. No, definitivamente no. Nosotros éramos merecedores de, al menos, uno de esos cutres (y ahora tan deseados) trabajos mileuristas. Los trabajos de mierda los harían otros: los inmigrantes.

Un inmigrante no viene a buscar un trabajo a su medida, viene a trabajar. Simple y llanamente. A ganarse el pan que llevarse a la boca en el país extraño al que ha tenido que venir y, en la mayoría de los casos, a ganar también el pan que tienen que comer los familiares que se ha dejado en su país de origen. No solemos pensar en eso cuando, con ese odio irracional, soltamos ciertas barbaridades.

Pero no solo tienen que aceptar trabajos mierdas en España. En muchos casos es peor las formas en las que tienen que venir aquí: en una patera de mala muerte que puede romperse en cualquier momento y en la que tienen que pasar incluso días (sin comer ni beber) para llegar a la playa), saltándose las vallas de Ceuta y Melilla, viniendo ilegalmente y luego aceptando esos trabajos de mala muerte para poder quedarse y otras muchas penurias.

Además, existe el problema de los CIEs. Para el que no lo sepa, un CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros) son unos "establecimientos públicos donde se mantiene a los extranjeros que tienen un expediente de expulsión". Vamos, una cárcel para futuros deportados. Pues bien, en estos centros se han dado ya muchas muertes, y muchos colectivos se han puesto a investigarlos, demostrando las irregularidades en cuanto a manutención de los internados (no se les daba de comer, etc) y en cuanto a su salud (tampoco se les daba asistencia médica), además del hacinamiento. Estos CIEs, a la vista de todas estas investigaciones, pueden recordar a más de uno a un campo de concentración.

En definitiva, ser inmigrante no es venir a robar, ni a quitar trabajo, es una lucha por la supervivencia, en la que tienes que agarrarte a un clavo ardiendo del que, como te descuelgues, puedes acabar recluído en uno de estos maravillosos CIEs, volviendo a tu país tan pobre como llegaste, o muriendo. No seamos tan irracionales y, en estos tiempos que corren, seamos algo más solidarios.

domingo, 14 de octubre de 2012

Excentricidades absurdas

Quería escribir. Quería escribir y plasmar todos esos demonios que tengo ahora mismo en mi vida y que, quieras o no, parece que pesan demasiado como para poder sonreír. Quería hacerlo pero me cuesta. Quizá me cueste por el sufrimiento de todos, maldita empatía. Quizá me cueste por mi soledad amorosa, maldito romanticismo. Quizá me cueste por todo el trabajo que tengo acumulado, malditos estudios. Sea como sea: necesito escribir.

Estos meses me he dado cuenta de que escribir es una válvula genial de escape. Tú escribes, plasmando toda tu mierda existencial, toda tu rabia con algo que no te gusta o toda tu decepción y depresión por cualquier cosa que, para otro, es una simple estupidez. Da igual lo que sea, el caso es que te desahogas. Te desahogas de ese mar que de incertidumbres, errores, confusiones, anhelos, deseos, emociones, sentimientos, personas malas, personas buenas, que te acompañan en tu día a día.

¿De qué sirve escribir? De lo que el escritor quiera. En mi caso, escribir es una especie de droga, una manía que no quiero ni puedo quitarme. Qué le vamos a hacer. Lo cierto es que este momento absurdo me entretiene. Me hace pensar en exponer algo de forma correcta y eso, quieras que no, acaba por hacerte desconectar.

Todo es válvula de escape. Todo es pérdida de tiempo. Pero: bendita válvula, bendito tiempo perdido.