La gente es gilipollas. Esa es la conclusión que saco después de milenios de estudio. Millones de personas fingiendo cosas para ser aceptados mientras dicen que "a mí que la gente me acepte me la suda". Todo postura, todo mentira, todo asco. El mundo es una mezcla de mentirosos compulsivos intentando parecer grandes ejemplos a imitar y adorar y gilipollas integrales que siguen a esos mentirosos.
Miles de personas proclamándose dueños de una personalidad sin límites, de una individualidad rebelde, absoluta, casi dioses centrados en parecer auténticas nuevas modas cuando no dejan de ser lo de siempre: manipuladores de la mente que consiguen que un par de cerebros (o de cabezas sin ellos) les sigan el rollo.
¿Dónde quedó la simpatía verdadera o la rebeldía auténtica? ¿Dónde están esas personas amables y generosas, de las que lo eran por deber y no por moda o por apariencia? ¿Dónde están esos cabrones que destrozaban vidas porque querían y no porque "ser malo mola"?
Odio este mundo de mentira en que nadie tiene convicciones verdaderas, sino mentiras que seguir fingiendo y explotando para lograr la aceptación. Odio este mundo de absurdeces, en el que ser malote es guay y ser buenote es guay y, en definitiva, todo es guay y nada es guay. Odio este mundo de gilipollas, porque, amigos y amigas, la gente es gilipollas.
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