lunes, 13 de julio de 2015

Paleolítico

A veces desearía explotar una bomba atómica en el centro de una ciudad sin gente y ver cómo una nube de polvo gris anaranjado, parda y amarilla, recorre las calles, buscando almas que alimenten a un dios demoníaco y pagano. Pero no encuentra nada, no ve nada, la nube de Perdidos no puede alimentar a su señor y ruge y calla, como un huracán sin freno y un iceberg a la deriva, como un corazón que ya no controla el espíritu que disemina y que expulsan sus arterias. La vida es un huracán sin frenos buscando un alma que recoger.

A veces pienso que soy un tifón, un dios astado, un demonio de cuatro ojos y veinte bocas que nunca encuentra razón de ser ni de seguir porque un dios sin alma ni sal ni azúcar ni hielo quiere darme un cerebro nuevo. La ansiedad me puede, la tristeza me domina, la soledad es mi ambiente y lo horizontal ya no es erótico sino lastimero. Una voz lastimera en un océano de silencio.

Eso soy. Eso quiero.
Eso no quiero ser. Pero eso soy.


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