He encontrado a Dios. Pero no el dios de los libros sagrados de cualquiera de las religiones que ahora vagabundean algo de fe, ni el dios de la lluvia ni el viento, ni el de las plantas o los animales, ni siquiera sé si es dios o diosa. He encontrado la fe en algo, la verdadera sensación de pertenecer a esa voluntad creadora o moldeadora, de que tiene el poder de cambiar el carácter y que puede coger la más ínfima cantidad de mi ser y manejarme a su antojo, de que puede hacerme caminar entre brasas ardiendo o de hacerme volar con alas de cera, como Ícaro.
He visto cómo mueve montañas de opiniones y nubarrones de tristezas, cómo coge un jabalí de promesas fracasadas y lo desboca contra mi alma, de cómo utiliza los ladrones de alegría para hacerme caer en el olvido de la felicidad vacía, de cómo pincha un muñeco vudú para que sienta las punzadas en mi corazón.
Pero ese Dios no es otro que yo.
He visto cómo coge lo que quiero y lo aleja, pero también cómo lo atrae. He visto cómo mueve los músculos de mi cara en una mueca de tristeza absoluta, pero también en una mueca de sonrisa verdadera, de risa exageradamente real, en un beso de amor puro. He visto sus intenciones malévolas y melancólicas, le he visto llorar por no ser quien quería, le he visto reír por creer haber llegado a serlo. He visto cómo se miraba al espejo y se daba asco, pero también le he visto mirar sus ojos marrones y vislumbrar una línea verde, le he visto peinarse y guiñarse un ojo, le he visto sonreír ante los rayitos de sol marrón-verdosos que le iluminaban el alma. Le he visto comerse un filete y un donut y dos y lechuga y maldad y bondad y azúcar y sal. Le he visto levantarse y quedarse dormido. Le he visto ponerse un pantalón y una camisa y correr bajo la lluvia mientras se reía por lo tonto que era y lo que le gustaba. Le he visto pasar frío y calor, sentir un abrazo y sentir la necesidad de darlo. Le he visto leer en el metro. Le he visto mirar libros de política y de fantasía, en un intento de unir su realidad con el multiverso de su cabeza.
Le he visto ser un dios del amor y un dios de la venganza, pero ya nunca más le voy a ver lamentarse de ello.
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