Hace un par de días, el 25 de septiembre, fui a mi primera manifestación. Caras nuevas, mucha gente, una sensación de orgullo extremo por todo aquel que me acompañaba en mi camino desde Plaza España a Sol... En fin, mucha ilusión, digamos, por ver que sí, que estamos unidos, que el mundo lo podemos cambiar.
Qué chasco me llevé al ver que no, que esto no era así, que el mundo no se podía cambiar. La razón, la misma de siempre: nuestros queridos, bienamados, benditos y amigables antidisturbios.
La policía española siempre me ha llamado la atención, al menos la que apalea manifestantes: ¿cómo puede aporrear una persona a otra, más si se tiene en cuenta que el aporreado está luchando por los derechos del aporreador? Paradojas de la vida, supongo. Algunos lo llaman deber, yo lo llamo idiotez.
Analizando la manifestación y teniendo en cuenta que era totalmente pacífica (el objetivo no era un golpe de Estado, ni un cambio revolucionario en el sistema económico o político, sino simplemente que el gobierno dimitiese y el pueblo eligiese de nuevo a aquellos que les iban a representar) hay que decir que hubo algún que otro altercado: manifestantes pegando a la policía (lo que a estas alturas debería ser totalmente normal, teniendo en cuenta las brutalidades que nos hacen), policías encubiertos, antidisturbios cargando...
Hay que decir que el antidisturbios está para lo que su nombre indica: impedir disturbios y, una vez se causen, pararlos. El problema es el modo de hacer su trabajo, por el que la mayoría de las veces son ellos los causantes de los disturbios, los que los alimentan, los que los aumentan y los que los paran de la forma más cruel posible.
Desde luego, no voy a defender a ningún antidisturbios excepto a aquel que, en un ejercicio crítico y de raciocinio, se una a mí en la manifestación al ver que a él también le están manipulando, recortando, empobreciendo y oprimiendo. Es cierto que nos tenemos que unir todos, pero, mientras sigan siendo perros a los servicios del opresor, no esperéis que deje a un lado el hecho de que apalean a mis hermanos, utilizan las pelotas de goma que ya prohibió la UE hace tiempo(y que causaron la muerte de Íñigo Cabacas), cargan contra los mineros (rompiendo mandíbulas a niñas de 5 años), apalean con la misma saña a cualquiera que se les cruce (aunque sean sus propios compañeros infiltrados)... Demasiadas putadas y crueldades como para perdonar.
Aún así, no todos los antidisturbios son tan sumamente cabrones. Parece ser que solo los españoles. El otro día, una noticia decía que los antidisturbios griegos se negaban a cargar contra manifestantes y circulan por la red vídeos de antidisturbios portugueses que, en vez de usar la porra (como hacen los de aquí), echan mano del diálogo para calmar a los indignados. Por lo que se ve nos han tocado los brutos.
Solo queda esperar que esta policía tan "buena" que tenemos, que cumple siempre con su deber (para con el Gobierno de turno) se dé cuenta de que ellos también están siendo usados como marionetas en este juego llamado Capitalismo. Mientras tanto, nos quedará recibir palos, aguantar a "progres" como Sánchez Fornet diciendo que las brutales cargas son perfectas... o eso o empezar a organizarse, como ya se hacía hace siglo y medio, para luchar contra ellos.
Todos somos más de luchar "con" que "contra", pero cuando nos quiten el pan a lo mejor la violencia deja de ser tan mala...


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