Quería escribir. Quería escribir y plasmar todos esos demonios que tengo ahora mismo en mi vida y que, quieras o no, parece que pesan demasiado como para poder sonreír. Quería hacerlo pero me cuesta. Quizá me cueste por el sufrimiento de todos, maldita empatía. Quizá me cueste por mi soledad amorosa, maldito romanticismo. Quizá me cueste por todo el trabajo que tengo acumulado, malditos estudios. Sea como sea: necesito escribir.
Estos meses me he dado cuenta de que escribir es una válvula genial de escape. Tú escribes, plasmando toda tu mierda existencial, toda tu rabia con algo que no te gusta o toda tu decepción y depresión por cualquier cosa que, para otro, es una simple estupidez. Da igual lo que sea, el caso es que te desahogas. Te desahogas de ese mar que de incertidumbres, errores, confusiones, anhelos, deseos, emociones, sentimientos, personas malas, personas buenas, que te acompañan en tu día a día.
¿De qué sirve escribir? De lo que el escritor quiera. En mi caso, escribir es una especie de droga, una manía que no quiero ni puedo quitarme. Qué le vamos a hacer. Lo cierto es que este momento absurdo me entretiene. Me hace pensar en exponer algo de forma correcta y eso, quieras que no, acaba por hacerte desconectar.
Todo es válvula de escape. Todo es pérdida de tiempo. Pero: bendita válvula, bendito tiempo perdido.
http://www.mtv.es/programas/destacados/gandia-shore/
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